El ciudadano tiene la última palabra

Volvió a probarse que el elector es la piedra angular de los procesos comiciales en este país. Su voz se impuso sobre los miedos y las angustias provocados por la criminalidad. También les dio una lección a quienes pensaron que el control de un gobierno estatal es capaz de manipular la conciencia de los ciudadanos. Al final, fueron ellos quienes tomaron la decisión.

Ahí donde los rifles quisieron acallar a los sufragantes, los votos se acumularon copiosamente. Ahí donde la maquinaria de los gobernadores se empleó más a fondo, los partidos en el poder resultaron severamente retados. Se equivocaron, por fortuna, quienes supusieron que serían más fuertes los temores y las clientelas que la voluntad de las personas.

Oaxaca y Puebla son dos ejemplos de esta manifestación social. Aún sin conocer los resultados finales, puede afirmarse que los electores que cruzaron la boleta en favor de las alianzas contrarias al PRI no se dejaron llevar por la percepción de la derrota impuesta durante la campaña. Así lo demostró lo reñido de ambos procesos.

De su lado el PRI hizo su mejor esfuerzo para retener a sus electores en Durango, Tamaulipas, Veracruz, Hidalgo, entre otras, además de que logró retomar -según diversos sondeos posteriores- las gubernaturas en Zacatecas, Aguascalientes y Tlaxcala. No debe perderse de vista que en estas últimas tres entidades, PAN y PRD sufrieron serias fracturas intrapartidistas que debilitaron la credibilidad de sus candidatos. Es decir, que la victoria priísta no se debió sólo a las capacidades de convencimiento del partido tricolor, sino a los esfuerzos de sus adversarios para derrotarse a sí mismos.

Si se realiza un conteo únicamente del número de entidades donde el PRI se alzó con la victoria, podría caerse en el error de suponer que el tricolor va en camino nuevamente de hegemonizar el país como lo hiciera durante la mayor parte del siglo XX. Dicha afirmación es superflua.

¿A cuánta población terminará por representar cada partido político tras las elecciones de ayer? Esa es la pregunta realmente importante. No es lo mismo ganar Tlaxcala, Zacatecas y Aguascalientes -entidades que juntas tienen poco más de 3 millones de habitantes- que eventualmente perder Oaxaca, Puebla y Sinaloa, que agrupan a cerca de 12 millones de personas. Por ello es engañoso decir que el país va enfilado nuevamente hacia una República monocolor.

Este es el dato rumbo a las elecciones de 2012. A partir del análisis, no sólo podemos concluir que los votantes -y no las clientelas ni el crimen- siguen siendo el centro del proceso electoral, sino también que los mexicanos le apuestan hoy, como desde hace tres lustros, a la pluralidad.

La gran encuesta nacional que representaron los comicios de ayer lanzan un mensaje hacia las elecciones presidenciales de 2012: lo único que está decidido es que la ciudadanía tiene la última palabra. (El Universal)