"Desde Tabasco, tierra de dos de los más fuertes aspirantes a sucederlo como jefe del Ejecutivo, el presidente Vicente Fox Quesada se comprometió a no interferir en el proceso electoral del ano próximo, a apoyar y fortalecer al Instituto Federal Electoral (IFE), ""que es la institución que hemos decidido que garantice"" esa operación.
En 2000 Fox fue el beneficiario del fortalecimiento de la institución que ahora se propone apoyar, de tal forma que el sistema electoral mexicano, perfectible y todo, está calibrado para operar con autonomía de los poderes públicos, con la eminente participación de los ciudadanos. Los partidos operan de tal forma que hoy la discusión está enfocada a moderar su preeminencia legal y financiera. Los poderes Legislativo y Judicial dejaron de ser dependencias del Ejecutivo.
A diferencia de otros tiempos, los gobernadores de los estados miran ahora hacia los líderes de los partidos y hacia los precandidatos, para orientar su rumbo electoral y lo ideal es que, así mismo, su intervención en los procesos electorales se limite a llevarlos por la ruta de la transparencia y el rigor democrático. Las Fuerzas Armadas han pasado ya la prueba de su fidelidad institucional y, por su parte, los medios de comunicación, nacionales y extranjeros, también son indispensables observadores críticos de las elecciones.
El Presidente de la República no posee ya la gama de poderes que la indiferencia, el interés propio, la complicidad o la sumisión de otros tiempos le habían concedido graciosamente, más allá de los establecidos en la Constitución, y también por las necesidades peculiares de una estructura corporativa presentada como ""democracia formal"", para distinguirla de la real.
Es decir, sólo con una alta dosis de malevolencia política un jefe del Ejecutivo podría inclinar los resultados electorales presidenciales para beneficiar a su favorito. Esto habla bien de la consolidación del aparato electoral que hemos levantado. Si a cambio de ese instrumento democrático el Presidente ha perdido facultades metaconstitucionales, la ganancia para todos es neta.
Esa nueva realidad ha sido resaltada por el presidente Fox en su declaración de Tabasco.
Hoy el jefe del Ejecutivo debe apreciar particularmente la imparcialidad oficial, el respeto a la voluntad ciudadana expresada en cada voto, y la aceptación general de los resultados finales o su impugnación por las vías y en la forma que legalmente se han instituido. El presidente Fox se dirige a los aspirantes presidenciales, pero el mensaje importa tanto a ellos como a todos los ciudadanos y a los mismos partidarios del Presidente, que no llegaron a Los Pinos para hacer lo mismo que tanto censuraron a sus adversarios.
Es clara, entonces, la gran responsabilidad del presidente Fox en el proceso electoral que se avecina: la de la no intervención para favorecerse o para favorecer a candidato alguno, la de llevar a cabo elecciones transparentes, claras, democráticas y en paz y armonía.
De la misma manera, es indispensable que el Instituto Federal Electoral asuma su parte de responsabilidad en este proceso y sea un colaborador vigilante de que, en efecto, nadie meta las manos desde ningún espacio político de México para obtener ganancias ajenas al interés nacional.
La convicción del Presidente, la asunción de su total responsabilidad en el mayor suceso del último ano de su gobierno deben garantizar la limpieza del proceso y su tranquilo desarrollo. Así, el vencedor, cualquiera que sea su partido, merecerá el respeto y el reconocimiento de todos. (El Universal)
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