Con un estilo manierista, el recinto de San Sebastian custodia los restos de las almas indígenas que partieron a una nueva vida y fueron honradas tras la celebración del Día de Muertos.
Cruces, veladoras y pétalos de cempasúchil decoran cada mausoleo, mientras las familias emiten alocuciones y cánticos para homenajear a los espíritus apacibles y convivir con ellos.
Algunas lágrimas recorren el rostro de las mujeres, cual sutiles perlas que se lleva el viento; por momentos se estremece la piel de los visitantes al ser testigos de ceremonias para celebrar a los difuntos de tierras sagradas en el panteón de San Juan Chamula.
Lamentos por instantes hacen presencia, y en otro escenario se escucha la lírica regional al son de las guitarras y el acordeón para alegrar un acervo que sigue vivo en la comunidad tsotsil regida por sus usos y costumbres.
El panteón de Mukinol o Cuchulumtic, también celebró a las almas atávicas con una comunión más intima y familiar en donde no puede entrar cualquier persona por cuestiones de respeto al terreno santo. Durante la festividad, las ánimas deambularon por el pueblo autóctono con un llamado consabido, en donde los altares con ofrendas realizados por sus familiares, les dieron la bienvenida reviviendo recuerdos guardados en el corazón; para luego despedir nuevamente a sus seres de luz y dejarlos descansar en paz hasta el siguiente año.












