"Urge una revisión a fondo de las aduanas. El diagnóstico es compartido: lo que se necesita es pasar a la acción. Dos secretarios de Estado -Hacienda y Función Pública- lo reconocen y ahora los propios involucrados, los aduaneros, admiten que la situación está fuera de control. Sin embargo, no cabe el cinismo de levantar las manos al aire y resignarse al desastre. De ser un problema de corrupción, las aduanas en México se han convertido en un asunto capaz de afectar la seguridad nacional.
Ayer nos enteramos de que la aduana marítima de Manzanillo, Colima, apremiaba a la empresa Unimed Pharm Chem, propiedad de Zhenli Ye Gon, a que retirara 20 toneladas de ""material médico"", un mes después del aseguramiento del dinero y de su fuga. Increíble, pero cierto.
Las aduanas son el paso obligado del tráfico de drogas, lo de la seudoefedrina es una prueba fehaciente del reconocimiento del secretario de Hacienda, Agustín Carstens, al respecto.
Pero la corrupción no se limita a armas y drogas. Hay otros asesinos de escritorio, los que matan a sectores industriales enteros y los empleos de mexicanos en ellos al fomentar el contrabando.
Por las porosas fronteras entran multitud de productos que, sin ser perjudiciales para la salud ni mortales, causan gigantescos danos a la economía nacional, provocan el cierre de empresas legalmente instaladas y el despido de millares de trabajadores.
La corrupción engrasa indebidamente las puertas de los funcionarios en las aduanas, y de los aduaneros en sus oficinas privadas; estos malos mexicanos no dan paso a la globalización sino al comercio desleal, indeseado, alteran pedimentos, falsifican lugares de origen, enganan y lucran apostando en contra de la competencia leal para su país.
De aquí hacia el norte, los cruces de la frontera son un problema de seguridad que mantiene nerviosos y alertas a los celadores, agentes de migración y del FBI y a la Guardia Nacional de Estados Unidos.
Hasta ahora, en sentido contrario, el problema de las aduanas era de corrupción, difícil de contener pero no imposible; pero cada vez de manera más evidente el tema aduanal se ha convertido para México también en un asunto de seguridad nacional, no por el terrorismo, sino por el riesgo que implica su descontrol para la estabilidad política y económica del país.
El administrador general de Aduanas, Juan José Bravo Moisés, admitió que no hay forma de revisar todas las sustancias químicas; los aduaneros piden actualizar una ley que, dicen, ha quedado rebasada.
Las senales de alerta son tantas que más vale actuar con sentido de urgencia. Aduanas corruptas y corruptibles equivalen a una invitación a que pase a México cualquier elemento criminal. Esto es inaceptable.
Germán Martínez Cazares, secretario de la Función Pública, sabe del reto, pues ahora que cumpla con lo que juró, que empiece a llamar a cuentas y a fincar responsabilidades a los servidores públicos que sólo se sirven a sí mismos; si no lo hace, la nación empezará a demandárselo y pronto. No podemos permitirnos seguir en tanto riesgo. (El Universal).
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