El destino nos alcanza

"La crisis alimentaria es ahora novedad para una parte de la población mundial, pero no para la menos favorecida, que históricamente ha sobrevivido con un alto déficit nutricional, por diferencias sociales, más que por escasez de comida.

Hoy realmente los mercados y las despensas están precariamente surtidos, menos lo que se reste esta semana. Las centrales de abasto están en riesgo de quedar sólo como registros del pasado.

El timbre de alarma sonó el pasado fin de semana cuando los restaurantes de comida china, japonesa y tailandesa fueron conminados a llenar sus bodegas de arroz, ingrediente esencial de sus platillos, porque el precio está a punto de duplicarse.

La hambruna amenaza ya a países de África, Asia y el Caribe, donde la escasez dispara los precios. Mientras en Alemania y el Reino Unido el gasto familiar en alimentos representa 10% o menos del ingreso, y en Estados Unidos y Canadá es de 16%, en Nigeria significa 73% y en India y Vietnam es de más de 60%.

Los países en desarrollo han aumentado en más de 25% la importación de alimentos, que ahora han visto duplicar su precio, como el maíz.

El director del Banco Mundial, Robert Zoellick, advirtió hace un mes que en 33 países hay riesgos de disturbios sociales por la carestía de alimentos. Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional, recordó sombríamente que ""la historia está llena de guerras que comenzaron por problemas de este tipo"".

Expertos de la Unión Europea sostienen que esta súbita crisis alimentaria, que debe ser atendida con urgencia, se debe a las políticas comerciales y a los subsidios que los países ricos otorgan a sus agricultores, al modelo de producción impuesto por las instituciones financieras y económicas internacionales, al cambio climático y a la producción de agrocombustibles, que ocupa tierras antes dedicadas a proveer alimentos.

Aquí mismo, en México, desde hace 30 anos se desalentó la producción de maíz porque la exportación de petróleo nos proveía de recursos para importarlo más barato. Así quedamos en manos de los especuladores, sin autonomía alimentaria.

El espectro del hambre refresca la memoria de la película Cuando el destino nos alcance (Soylvent Green, 1973, con Charlton Heston y Edward G. Robinson), en la que en el ano 2022 un mundo abatido, sin recursos, sobrepoblado y caliente se alimenta con galletas fabricadas con cadáveres.

Es tiempo aún de corregir el rumbo. (El Universal).

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