EL DF no puede ser una isla

"Marcelo Ebrard asume la Jefatura del Gobierno del Distrito Federal, uno de los puestos políticos más poderosos, después de la Presidencia de la República, si no el que más. Lo hace en medio de una descortesía mutua con el gobierno federal y de una insistencia de su predecesor en cuanto a descalificar a quien alza la voz senalando pendientes como el tema de la inseguridad.

No es el único reclamo de la ciudadanía pero sí el más sentido de una urbe en la que diariamente se encaran problemas que van de las inundaciones y la escasez de agua, a los nudos de tránsito, el desagüe insuficiente, la corrupción, la impunidad, el desempleo, el retroceso económico, los vendedores ambulantes, el transporte público lento y deficiente, los invasores de terrenos y la falta de transparencia.

Fruto indeseado de la centralización, el Distrito Federal se deformó con las conurbaciones y durante medio siglo fue foco de concentración de la migración interna, por sus indudables bienes, plazas de trabajo y subsidios que abarataban la vida.

Ahora la zona metropolitana de la ciudad de México es una de las más pobladas del mundo. Llena de problemas, sí, pero igualmente un oasis de arte, cultura y bello paisaje citadino.

El preámbulo de la llegada de Ebrard fue el informe presentado ayer por Alejandro Encinas, el cuarto perredista consecutivo en el cargo, quien calificó de ""ignorantes"" a quienes no creen sus cifras de que la inseguridad en el DF disminuyó 20% en el sexenio que concluye.

Y si a cifras nos vamos, El Universal ofrece hoy una encuesta en la que se ratifica que casi la mitad de la ciudadanía sigue considerando, a pesar de la propaganda oficial, al de la inseguridad como su principal problema.

Tal es la herencia de Ebrard. Un funcionario que llega sin ser en lo personal muy conocido pero arropado por las habilidades de operación electoral y las prácticas corporativas y clientelares del PRD desplegadas contundentemente en la capital.

El presidente Felipe Calderón Hinojosa no acudió a la toma de protesta como Ebrard no acudió a la suya.

No es una buena senal para ninguno, pero concentrados en el DF, es claro que en un elemental ejercicio de armonía federalista, Ebrard deberá, para poder cumplir con sus responsabilidades, trabajar en armonía no sólo con el presidente Calderón, sino también con los gobernadores de los vecinos estados de México, Hidalgo y Morelos. Gobernará una entidad mediterránea, no una ínsula.

Peor aún sería que el DF se convirtiera en un archipiélago en el que prevalezcan grupos de interés diversos, como los de Bejarano y Batres, exigiendo cuotas de poder transformadas en puestos y prebendas; los nombres de algunos de los flamantes colaboradores de Ebrard así lo confirmarían.

Todavía es muy temprano, pero ya hay quienes apuntan hacia él como posible candidato presidencial del PRD en el 2012. Sería impropio pensar en un próximo destino cuando apenas toma posesión de la Jefatura de Gobierno, donde su única y principal ocupación debería ser mejorar el nivel de vida en el DF y tender puentes con el federalismo, para no aislar a los capitalinos. (El Universal)

"