Considerada como una especie invasora, su presencia en las cuencas más importantes de Chiapas ha sido la causa de la baja poblacional de especies acuáticas nativas. De acuerdo al maestro en Ciencias en Recursos Naturales y Desarrollo Rural, Alan Vargas Rivas, el bagre armado representa una amenaza para la biodiversidad debido a su expansión alarmante.
De acuerdo al investigador, el Pterygoplichthys spp tiene poblaciones establecidas a lo largo del territorio nacional, siendo las cuencas del Grijalva y Usumacinta como de las más altas en diversidad biológica y las que tienen la mayor frecuencia de este pez a nivel mundial, con una extensión de 102 mil 465 km2.
Las afectaciones ambientales, dijo, son por la alteración del hábitat, causando problemas de sedimentación, turbidez y erosión, daños a especies nativas y pérdidas económicas y consecuencias sanitarias, esto “debido a sus hábitos alimenticios y su comportamiento agresivo”.
Resistencia
Este pez, explicó en un seminario virtual del Colegio de la Frontera Sur, ha demostrado tolerancia a la contaminación, salinidad y bajos niveles de oxígeno, lo cual resulta un animal con altas concentraciones de metales en la sangre y en su tejido muscular, motivo por el cual se discute si puede ser usado para consumo humano.
“Los últimos estudios arrojaron que los órganos de los peces diablo cumplen con los límites máximos permisibles en las regulaciones nacionales e internacionales, lo cual hace que su consumo sea viable con este parámetro”, indicó.
No obstante, acotó que aún hacen falta estudios que delimiten su factibilidad para el consumo humano, dado que hay expertos que alegan que al someterse a procesos de cocción, los metales que posee pueden alterarse y dañar la salud de las personas.
La propuesta del investigador del Ecosur es aminorar su impacto a través de la pesca de este ejemplar, ya que el alto contenido de proteínas del pez diablo “puede ser una alternativa de alimentación balanceada para otras especies acuáticas en cautiverio”, concluyó.











