El dinero de los gobernadores

"La austeridad de los funcionarios públicos se acabó hace cincuenta anos, con don Adolfo Ruiz Cortines, quien la proclamó al suceder al presidente Miguel Alemán Valdés. Los siguientes ocho sexenios han producido, como pintorescamente dijo el ex presidente Emilio Portes Gil, ""comaladas de millonarios"".

No sólo dejan el poder con recursos suficientes para asegurar la buena vida de varias generaciones de sus familias, sino que en el ejercicio de sus funciones disponen del tesoro público sin restricciones, como sultanes petroleros.

Hoy se da cuenta, por ejemplo, que los cuatro titulares más recientes de la secretaría de Gobernación han utilizado 14 camionetas de lujo adquiridas con cargo al erario, de las cuales, las últimas 10 fueron adquiridas en sólo cinco anos. Difícil ver austeridad en tales gastos.

El gobierno federal; sin embargo, es sólo responsable de uno de los huecos a las arcas nacionales, pues existen otros 32 llamados gobiernos estatales.

El gobernador de Aguascalientes, Luis Armando Reynoso Femat, se adjudicó un sueldo mensual de 237,000 pesos, 50% mayor que el del Presidente Calderón. El gobernador de Nuevo León, Natividad González Parás, guardó su distancia y se quedó con 152,062 pesos al mes.

El gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, subsidia a su Iglesia católica y a una cadena nacional de televisión con recursos públicos, y goza de dispensa episcopal para ofender verbalmente a sus críticos.

El gobernador de Querétaro percibe mensualmente 150,135 pesos, pero se compensa con viajes al extranjero, principalmente a Europa. Lleva 13 en cinco anos para ""atraer inversiones"". No se conocen resultados de la promoción.

Atención especial, como en muchos otros campos, merece el gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán, tan hábil para los centavos como los pequenos jarochos que con gracia cuenquena se zambullen en el mar tras las monedas en los muelles de Veracruz.

Él se blindó con la prohibición durante los próximos seis anos de toda información sobre gastos de promoción institucional, índices delictivos, pensiones alimenticias, viáticos, sueldos y prestaciones de los servidores públicos veracruzanos. No se informa ni de los levantones públicos en Las Ánimas, el fraccionamiento más lujoso de Xalapa, donde tiene su residencia.

Sobre los gobernadores existe un sistema de fiscalización que adolece del mismo mal: cuida poco los egresos, nada los ingresos. Exigen siempre más recursos de la Federación aunque sólo ellos sepan a ciencia cierta en dónde terminan. (El Universal)

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