Gracia, paciencia y detalle son las bases de la labor que realiza Pablo Sánchez, restaurador de objetos sacros y religiosos, que además regresa el alma y la esencia de aquellos niños Dios que buscan ser restaurados.
Sánchez comenta que este mes es de los más movidos, “donde muchas personas con antelación llegan a dejar sus imágenes que requieren ser retocados o en su caso, reparados”.
Su taller se ubica en la primera sección del mercado andador San Roque, donde se pueden observar fragmentos de imágenes religiosas destacando la virgen de Guadalupe, crucifijos, niños Dios y muchas piezas más.
“En este lugar aprendí a manipular materiales a base de yeso, resina y fibra de vidrio para unir y finurar las efigies, también trato de detallar la expresión de sus ojos y los dedos; siendo las partes más delicadas y sensibles las que requieren más cuidado”, relata.
Depende del cliente
En el tema de los costos, el maestro cobra dependiendo el tamaño y el daño de cada pieza; pero sus precios son accesibles y rondan desde los 200 hasta mil pesos.
“Hemos recibido figuras desechas y pequeñas de casi 10 centímetros o menos, por lo que conlleva más trabajo y tiempo. Hay casos donde tenemos que rehacer los dedos o el rostro en un tiempo de dos días, sin embargo el sosiego es nuestra virtud”, explica.
Pablo aprendió este “don divino” gracias a la enseñanza de su tío Carlos Méndez, quien le compartió técnicas con diferentes materiales, pinceles finos y pinturas especiales, “pero más que eso, el significado tan importante y prospero de cada reliquia”.












