El ejido Copoya, perteneciente a Tuxtla Gutiérrez, no solamente quedó divido tras la afectación carretera derivada del terremoto del 7 de septiembre, sino socialmente por el Ayuntamiento capitalino que impuso a un agente municipal para que los pobladores del lugar no reclamasen irregularidades.
Al quedar averiado el tramo carretero los costos del pasaje, de abarrotes y el tiempo para que comerciantes, estudiantes y trabajadores acudiesen a sus centros incrementó considerablemente, originándose así la iniciativa para que se abriera una vía alterna.












