David Morales * CP. Seis danzantes formados en dos filas. Un músico pitero y tres tamboreros. Zoques todos ellos, con pocos acompañantes. Reunidos en una procesión para cumplir con la cita en la que honraron a san Roque durante el día de su festejo.
El encuentro de los zoques de la Mayordomía del Rosario de Tuxtla Gutiérrez fue en la casa de Gonzalo Gurría, misma sede de los ensayos durante las semanas previas y en donde ayer alistaron los últimos detalles.
Diez personajes en total. Tres pares de hombres vestidos con camisa blanca, saco negro y rojos calzones. Sobre sus cabezas un elegante sombrero rojo con penacho y cascabeles en los pies. En su mano derecha una lanza y un pañuelo en la izquierda.
Los músicos, dirigidos por el maestro Leopoldo Gallegos, portaron el ropaje tradicional. Sombrero de palma, una camisa y calzón de manta blanca con una cinta roja en la cintura, así como un pañuelo rojo sobre sus hombros.
La cita fue al mediodía. Iniciaron el recorrido a las once y media. La iglesia de San Roque a la primera parada del día. Caminaron varias calles. La música del carrizo con el tambor, los cascabeles y los ladridos de los perros revelaban su presencia. La gente se limitaba a observar.
Caminaron con paso tranquilo, nadie se veía con prisa. Al llegar a la iglesia de San Roque de la ciudad pocos los esperaban, pocos sabían quiénes eran y el motivo de la visita.
Un rezo a san Roque, patrono curador de epidemias y un breve descanso para enfrentar el desgaste de una danza de larga duración compuesta por seis sones.
Iniciado el baile sólo los bulliciosos y numerosos parachicos pudieron interrumpir brevemente la presentación de los zoques.
Los aplausos llegaron al final de la danza. El descanso con una jícara de pozol precedido por la toma de la foto del recuerdo, debió ser corto para continuar el camino.











