"A decir de una encuesta realizada por la empresa Ipsos para la agencia de noticias The Associated Press , la estricta separación de la Iglesia y el Estado todavía disfruta de un amplio apoyo en México, ya que a pesar de que 80% de los encuestados se declaró católico, sólo 20% dijo que los líderes religiosos deberían influir en las decisiones gubernamentales, en tanto que 77% se opuso a cualquier intento del clero por inmiscuirse en los asuntos del Estado.
El estudio concluye que dicha tendencia confirma lo que sucede en otros países como Alemania, Italia, Estados Unidos o Espana, donde la separación Iglesia-Estado es concebida como sana por la mayoría de la población.
Por lo que respecta a México, la historia es la que ha determinado dicho estado de cosas, pues desde el siglo XIX Benito Juárez anuló, vía leyes de Reforma, el poder eclesiástico en la vida pública. En la segunda década del siglo pasado, el derramamiento de sangre producido en el país por la Guerra Cristera (1926-1929) también determinó el desconocimiento oficial de la Iglesia y sus jerarcas, que fue revertido hasta los anos 90, durante el régimen del presidente Carlos Salinas de Gortari, quien abrió las puertas al reconocimiento oficial de los diferentes cultos y sus sacerdotes, lo cual derivó en el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el Estado vaticano.
Esta historia de desencuentros, guerra, enfriamiento de relaciones y reconocimiento no ha hecho mella, sin embargo, en el ánimo de la sociedad. Al paso de los anos y la encuesta de AP es contundente los mexicanos reconocen la importancia de la fe en su vida personal, pero distinguen con precisión lo que debe ser un gobierno laico de uno guiado por valores religiosos que nos podría llevar a lo que para algunos es un Estado fundamentalista.
El respeto a la libertad de credos ha hecho de México un país tolerante y secular en dicha materia. Sin la potestad para intervenir en asuntos de Estado, los representantes de todas las iglesias gozan ahora de mayor libertad para el culto y de oportunidades otrora impensables para ejercer sus respectivos ministerios de fe. Es decir, la separación IglesiaEstado no ha sido una fractura dentro de nuestra sociedad, sino que, por el contrario, ha servido como catalizador para evitar discordias.
Vale considerar que, según la encuesta, 89% de los mexicanos aseguró creer en Dios y 4% indicó que tiene fe ""en un poder superior de algún tipo"", lo cual habla de un importante nivel de religiosidad que no puede ser ignorado.
Todo indica que México ha de seguir por ese camino, porque así conviene a todos: de un lado, un Estado fuerte que represente a todos los mexicanos; y, por otro, iglesias concentradas en difundir sus creencias y valores con toda libertad y sin cortapisas.
La sabiduría popular ha colocado en su justa dimensión los alcances y limitaciones de cada uno de los ámbitos, lo que augura un futuro con más tolerancia que la que vivimos en la actualidad, en la que incluso ha alcanzado el grado de ley.
Las otras experiencias internacionales, de las que da cuenta la encuesta de AP, responden a las características propias de cada nación, a su idiosincrasia y a sus respectivos trayectos históricos, los cuales son, en gran medida, diferentes a los de México. Los mexicanos no quieren repetir la vieja historia de enfrentamientos entre Iglesia y Estado y, por tanto, a cada uno le ha dado su lugar en su proceso histórico. (El Universal)
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