Con mucha seriedad, Diego “N” limpia los contenedores que guardan las esencias de los raspados que vende a diario. Tiene 11 años de edad, pero la altura suficiente para conducir el triciclo con el que recorre los parques de Tuxtla Gutiérrez.
Hace nueve meses llegó de la comunidad El Niz, municipio de Oxchuc, habla tseltal y español, no confía en los caxlanes y tampoco que le tomen fotografías, dice mientras observa a su alrededor expectante y argumenta que tiene miedo de los “fiscales” del Ayuntamiento.
Su patrón les ofreció trabajo a él y otros adolescentes de su comunidad, los trajo a Tuxtla, y por vender los raspados les pagan 800 pesos semanales a cada uno. “Vine solito”, dice Diego, pero comparte un cuarto con dos personas más, igual menores de edad que migraron, “hay uno de Ocosingo”.
Se despierta todos los días a las 7 de la mañana para arreglar todo lo que carga en el triciclo y para ir por el hielo. Siempre se hace acompañar de más vendedores, también adolescentes.
Oferta raspados de manera intermitente, pero todos los días en la plaza central. Dice que esta semana se fue a Convivencia Infantil porque le avisaron que debía retirarse por motivos de la Feria de San Marcos y de la inspección que realizan de forma periódica los trabajadores del Ayuntamiento.
“Si nos agarran, nos quitan el triciclo y hay que pagar dos mil o tres mil pesos como multa”, relata Diego, preocupado porque le quiten el poco dinero que logra ahorrar para llevar a su familia en la próxima visita.
La otra cara de la infancia
En la definición de trabajo infantil de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), menciona la participación de las niñas, niños y adolescentes (NNA) en labores que no atentan contra su salud y su desarrollo personal ni interfieren con su escolarización o colaboración con la familia, es decir, se considera positiva.
Por otro lado, la explotación infantil es un término que incluye tanto el trabajo forzoso hasta la explotación sexual, el reclutamiento de niños soldado o la esclavitud doméstica, según la organización Save The Children.
Para Jennifer Haza, directora general de la asociación civil Melel Xojobal, es importante diferenciar el trabajo de la explotación infantil como parte de la valoración crítica que tienen en la organización sobre las actividades de niñas, niños y adolescentes.
“En ningún lado se dice que los NNA no tienen derecho a trabajar, y desde esta perspectiva se reconoce el derecho humano de trabajar, pero esto no implica condiciones de explotación u otros delitos”, agrega Haza.
En esta valoración crítica que hace Melel Xojobal, reconocen que el valor social, cultural y comunitario que tiene la participación de la niñez y adolescencia en el trabajo “como una práctica formativa, solidaria, en contextos empobrecidos y de precariedad y de reconocer que hay una diversidad de infancias que se desarrollan en contextos culturales distintos que, en el caso de la región y la situación en el que viven estas niñas y niños, el trabajo es parte de su cotidianidad y socialización”.
Pobreza, la condición diaria
“Para un cambio de perspectiva se requieren lentes distintos”, alude la defensora, en el caso de funcionarios y funcionarias que replican en campañas frases como “no más niños en la calle”, pues es asumir que las NNA que están en la vía pública en condiciones de explotación.
“Pareciera que es una visión simplista que no reconoce la vulneración de derechos que no han sido garantizados por el Estado y que está focalizando en limpiar y que no se vean NNA en la calle, pero no hay acciones más amplias o programas dirigidos a proteger y a garantizar sus derechos trabajando en la vía pública”, explica.
Para Melel Xojobal es importante seguir en la sensibilización de funcionarias y funcionarios públicos, pues el discurso internacional se ha traducido en políticas de estigmatización y criminalización y no de protección ni garantías de derechos de la niñez.
“En el marco del 30 abril, principalmente, y 1 de mayo, nos parece que es una oportunidad para reflexionar sobre ¿cuál es la situación de los derechos de la niñez en cada uno de los municipios? Lo que les toca hacer a las diferentes instituciones pero no para colocarlos en mayor vulnerabilidad”, cuestiona.
El informe de avance sobre el progreso y los desafíos regionales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la Comisión Económica para la América Latina y el Caribe (Cepal), señala que México es el segundo país de América Latina y el Caribe con mayor prevalencia de trabajo infantil.
Economías criminales
Según la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la UNAM, en 2019 se estimaba 3.3 millones menores de edad en actividades laborales, pero en 2022 aumentó a tres millones 850 mil en México.
Por la pandemia del covid-19, más niñez tuvo que trabajar para poder solventar las necesidades de la familia, por pérdidas de empleos, o incluso de vidas por el mismo virus.
“No solo en madres y padres, también a la niñez y adolescencia trabajadora tuvo efectos económicos negativos en la pandemia, son impactos que todavía no se logra establecer”, agrega Jennifer Haza.
A esto se le sumó la precariedad salarial en el sector formal y el surgimiento de las “economías criminales” en la región como otros espacios de explotación y aprovechamiento de la niñez y adolescencia, pues los enganchan para cometer actividades delictivas.
Entre las afectaciones de la pandemia, también está el incremento de la deserción escolar de la niñez trabajadora que se ha identificado, principalmente en pase de primaria a secundaria.
Los NNA también son enganchados para trabajos en campos agrícolas, “tiene que ver con cadenas de explotación infantil y con los empleadores, empresarios, capitales que se benefician de la necesidad de la gente y del empobrecimiento de las familias, en ausencia de las autoridades”.
En este caso, “nos parece que el trabajo que tiene que hacer la institución es con las empresas y desde un enfoque de derechos que, creemos, muchas de las apuestas municipales, no tienen”, reitera Jennifer Haza.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos estima que de 2017 a 2022 se iniciaron aproximadamente tres mil 896 carpetas de investigación, en las cuales al menos una de cada tres víctimas identificadas está en el rango de 0 a 17 años, es decir, perjudican a niñas, niños y adolescentes; 40 por ciento de estas personas se encuentran en trabajos forzados.
Dinámica y respaldo
Melel Xojobal, que acompaña a la niñez y adolescencia tsotsil y tseltal que desarrolla actividades en mercados y plazas de San Cristóbal de Las Casas, reconoce que el trabajo en los pueblos originarios es una habilidad para la vida.
Es una actividad que generalmente realizan todos los miembros de la familia y en ese sentido la perspectiva de Melel en torno al trabajo de los NNA en estos contextos urbanos tiene que ver con la propia, sus necesidades pero también de las familias.
En la actualidad trabajan con diferentes instituciones para generar una estrategia dirigida a niñas, niños y adolescentes que trabajan en el centro de San Cristóbal para que puedan contar con espacios seguros y puedan acceder a servicios educativos, de salud y culturales y recreación, además de acceso a agua y baños.
Se trata de “Creando esperanza”, que se planea en unos salones habilitados bajo la Plaza Catedral con la aspiración de poder generar un corredor a favor de la niñez, desde El Carmen a Santo Domingo para que las diferentes instituciones como el Musac, DIF Regional, Centro Cultural Carlos Jurado, Celali, los museos de Los Altos y Textil y organizaciones sean espacios seguros para que la niñez pueda acceder a los citados servicios.












