Inopinadamente, la política oficial de expansión de la infraestructura pública mexicana a través de atraer capital externo puede llegar a segregar y a desanimar a la ingeniería civil nacional, que junto con todas las otras especializaciones de esa disciplina deberían ser claves en los programas de desarrollo a largo plazo del país.
Las grandes firmas internacionales de ingeniería, capaces de abatir cualquier presupuesto porque disponen tanto de financiamiento barato como de tecnología de punta, que reducen sus costos hasta 40%, acaparan los contratos del cliente mayor, el gobierno federal, dejando a las firmas y a los profesionales mexicanos en el indeseado rol de subcontratistas.
En poco más de una década, el número de ingenieros dedicados a la obra civil en México ha tenido una reducción de 55%, porque la carrera ha dejado de coronarse con una atractiva oferta de trabajo para los egresados..
Ya es legendario que entre las medidas adoptadas por China, la India, Singapur, Corea, Malasia y tantos más para dar el salto hacia el desarrollo figuró alentar el estudio de la ingeniería como el conjunto de conocimientos científicos y actividades regidas por ellos encaminadas a la innovación.
Como entre los antiguos griegos, en el siglo XXI sabemos que el conocimiento de las matemáticas otorga dimensión y lógica a todo proceso educativo y de vida. Conscientes de ello, preocupa el retroceso en el ejercicio de quienes aplican entre otras cosas las matemáticas a la vida diaria, esos ingenieros que tanto necesita México para competir internacionalmente.
Debe preocupar y ocuparnos la advertencia hecha por el Colegio de Ingenieros Civiles (CICM), la Academia Mexicana de Ingeniería (AMI) y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) de que en el campo de la ingeniería no sólo no avanzamos, lo que sería grave, sino que retrocedemos, lo que resulta peor.
Hemos de equilibrar las ventajas que nos ofrece la liberación de los mercados con los requerimientos propios de una recia estrategia de desarrollo nacional a largo plazo, a través de una apuesta educativa como instrumento de progreso.
Hay ejemplos. Hace 60 anos, cuando obtuvo su independencia, la India enfrentó los problemas paralelos del analfabetismo masivo y la escasez de técnicos. En poco más de medio siglo pasó de 19 a 200 universidades y de 400 a más de 9 mil colegios técnicos, con los brillantes resultados reconocidos internacionalmente.
México tiene una maciza tradición de ingenieros y matemáticos, en la que se cuentan Heberto Castillo -que en esta semana cumple 10 anos de fallecido- con su tridilosa; Carlos Graef Fernández y Manuel Sandoval Vallarta, los tres hermanos Adem -José, Julián y Esbaide-; Guillermo González Camarena y otros cientos conocidos en los ámbitos académicos y empresariales.
El Índice de Competitividad Global considera fundadamente a la infraestructura, la educación superior, la tecnología y la capacidad innovadora entre los nueve pilares del desarrollo.
La ingeniería no puede pues estar subvalorada en el proyecto de largo plazo para México. (El Universal).











