El gran poder hispano en EU

Estados unidos se integró por inmigrantes europeos, y gracias a la unión y el trabajo de esa heterogénea fuerza engrandeció hasta ser la potencia mundial que es hoy en día. Ahora, son otras razas las que han encontrado un hogar allá y crecen con rapidez: asiáticos e hispanos, principalmente.

Tanto así que la Oficina del Censo 2010 de ese país dio a conocer que los hispanos son el grupo étnico de mayor crecimiento, están por superar los 50 millones de personas, lo que equivale a una sexta parte de la población. Para dar un ejemplo de su penetración, los hispanos representan una cuarta parte de los niños de todo EU.

De hecho, las minorías raciales y étnicas representarán una cifra sin precedente de 90 por ciento del crecimiento total de población en Estados Unidos desde el 2000, debido a la inmigración y a las mayores tasas de nacimiento de los hispanos.

Los flujos migratorios son realidades globales. Son, en la mayoría de los casos, trances dolorosos; implican abandono de la tierra, desarraigo, rompimiento del núcleo familiar, ingreso en condición de desventaja a sociedades competitivas y hostiles. Aun así, se dan como resultado de complejos procesos sociales a los cuales es difícil poner trabas artificiales o detener con muros.

La multiculturalidad que muestra el Censo 2010 de EU, sin embargo, no se refleja en las actitudes que de manera oficial tienen los políticos de ese país hacia quienes están generando buena parte de su riqueza.

Muchos hispanos, nacidos allá, son hijos de migrantes que ya han hecho su vida lejos de sus lugares de origen -de México, sobre todo- y se han integrado a esa sociedad, incorporándose culturalmente, pero también llevando consigo rasgos distintivos de sus comunidades de origen. Hoy, ya son ciudadanos de pleno derecho, con obligaciones para su nueva patria: obediencia a sus leyes y pago de impuestos.

Contra los que en aquella nación piden que las minorías étnicas sean consideradas ciudadanías de segunda, la demografía les da un mentís. El peso de los hechos los ha de obligar a replantear cualquier asomo de xenofobia o supremacismo, y les exige trabajar en un nuevo entorno cultural; diferente, sí, pero con renovados alcances. La migración de seres humanos no es una maldición. Es un fenómeno inevitable con el que todos los países debemos lidiar y aprovechar a nuestro favor. Estados Unidos ya no puede darle la espalda al poder hispano ni a los flujos que lo alimentan. (El Universal)