El guardián de la enigmática selva

Representación de Lázaro levantando a su esposa para entregarla al cielo, luego de haber fallecido. Diego Pérez / CP
Representación de Lázaro levantando a su esposa para entregarla al cielo, luego de haber fallecido. Diego Pérez / CP

Por muchos años de convivencia y acercamiento con los hach winik (palabra maya que significa “verdaderos hombres”) en el “pulmón selvático” de Chiapas, Lázaro Pérez Padilla les ha brindado un homenaje por medio de esculturas señeras y algunas obras al óleo y con historia lacandona.

El artesano cuenta que por más de 20 años compartió conocimientos hombre-naturaleza, además de haber ayudado a proteger y preservar gran parte de esta jungla.

Esas fueron algunas circunstancias humanitarias que lo llevaron al acercamiento con el grupo de habitantes y brindarles -por medio de imágenes- ofrendas de madera, pinturas y otros objetos.

Es importante mencionar que así como Lázaro, muchos conocedores y expertos que trabajan con cualquier clase de madera, se han convertido en custodios de las tradiciones que aún sobreviven en Chiapas; además de que algunos agradecen al medio ambiente por proveerles la materia prima que requieren para su faena diaria.

En este caso el cedro, roble y huanacaxtle son elementos de valiosa utilidad para las creaciones y recuerdos enigmáticos que fluyen de este artista, afirmando que sólo utiliza fragmentos deteriorados de árboles o los que encuentra a su paso.

En la colonia Infonavit Grijalva 2ª Sección, en la calle Ricardo Flores Magón, número 28, escondida entre andadores y pasadizos, se encuentra la vivienda de Lázaro; a distancia restalla el sonido de su motosierra que va dando forma a los personajes encargados de custodiar el “pulmón selvático” del estado: los lacandones.

Posteriormente, golpetea el escoplo con su mazo para detallar. Va creando cada parte del rostro y del cuerpo de este grupo étnico; seguidamente mejora cada rasgo particular de sus obras respetando la fisonomía del individuo.

Luego, si es necesario, pinta delicadamente sólo algunas partes, así sucesivamente hasta que quede conforme con lo que ejecutó.

En su momento, el hombre pasó por una etapa complicada que lo orilló a detenerse: “La muerte de mi esposa por cáncer en un seno fue el dolor más insoportable e insuperable que me ha ocurrido; sientes que la vida se detiene y que ya no hay razón para seguir”, sin embargo y desgraciadamente ese acontecimiento fue la musa de su inspiración; tomó ese desconsuelo para sus creaciones artísticas.

Hoy día este personaje guarda en su memoria y en el corazón una pieza que dedicó a su esposa; se trata de un hombre arrodillado levantando a una mujer.

“Me aferré a ella, no la quería soltar, pero cuando no soporté más me molesté con el ‘creador’ por habérmela quitado, no entendía por qué se la había llevado.

Luego de tanta angustia llegó la resignación; en la pieza me describo levantado a mi esposa entregándosela a Dios, al fin la dejo ir para su descanso eterno”, cuenta abatido.

La más reciente pieza se trata de un jaguar de fibra de vidrio, la cual fue trasladada hasta la selva con la finalidad de ser expuesta y crear conciencia de su preservación, siendo este animal un símbolo característico de Chiapas.