Enrique Constantino Gutiérrez creó un perfil en línea para LinkedIn, “nada más porque sí”, y lo contactaron por saber inglés y le preguntaron que si no le interesaba trabajar en Estados Unidos como analista de sistemas. “Te vamos a pagar los gastos de visa, hospedaje y transporte”, pero me convencieron cuando me ofrecieron 55 mil dólares (USD $55 000) al año. Aunque parezca obra de la casualidad, años antes el idioma ya le había abierto las puertas laborales.
Actualmente, el ingeniero en sistemas del Tecnológico Nacional de Mexico/Campus Tuxtla Gutierrez (TecNM/ITTG), vive en Dallas, Texas. “Empecé como desarrollador web, ahorita por la naturaleza del proyecto, estoy en desarrollo móvil de una aplicación para celular para Voice of America”.
Para el comiteco, “al principio, todo parecía tan irreal, no podía creer cómo esta empresa me buscó, pero aquí estoy armándola”, expresó. Sobre la compañía, aclaró, es una acaparadora de talentos, encargada de buscar recursos humanos destinados a software, canalizándolos a empresas como Boy Scouts of America, Verizon o BBVA.
Quería ser docente y presentó el examen, pero “entró la reforma educativa e hice mi evaluación, y como todo cambio estaban las vacantes, pero no habían horas, y las que habían, eran 10 en un municipio lejano”.
“Platiqué con un profesor y me dijo que casualmente una persona lo contactó buscando ingenieros en sistemas; me entrevistaron y la única razón por la que me contrataron, es por que sabía inglés, ya que el cliente era de una empresa que estaba trabajando para Microsoft. Yo tenía poca experiencia ejerciendo”, compartió.
¿Cuál fue tu experiencia al llegar a EUA?
“Agarré las pocas cosas que tenía, una maleta de cambios de ropa para dos semanas. Llegué al aeropuerto de Dallas Fort Worth; nadie fue por mí, estaba completamente solo y jamás había salido del país.
“Estaba confiado de que sabía hablar inglés, pero no sé si por los nervios o lo desconocido, pero me hablaban y no entendía nada de lo que me estaban diciendo; mi internet estaba sin funcionar para pedir Uber. Agarré un taxi del aeropuerto, me dijo ‘son 17 dólares’, y le di un billete de 20 y no me devolvió mi cambio; creo que me dijo que era propina”.
¿En la empresa que llegaste había latinos?
“La mayoría. El 90 % de la plantilla es de latinos, la mayoría son mexicanos y algunos de República Dominicana. Estoy seguro de que por ahí debe haber alguien de otra nacionalidad.
“Entré directo a trabajar por dos semanas en las oficinas de la empresa, en lo que hacía la entrevista para Verizon, que fue con quienes empecé a laborar al poco tiempo.
“A mí se me hacía ridícula esa frase de Trump, de que ‘nos están robando trabajo’, porque no fue fácil, yo no le robé el trabajo a nadie, nadie quiso ese trabajo, a mí me dijeron y tuve que competir con otras personas para ese puesto, entonces no se lo robé a nadie, fue una competencia justa.
“Es que a las personas en Estados Unidos no les gusta estudiar ingenierías, no es una carrera común, aquí tenemos muchísimos ingenieros, brotan ingenieros de todos lados.
“Y un ingeniero formado aquí puede dar la talla, es más cuestión de actitud que de aptitud, a mí me contrataron para trabajar en cierto lenguaje computacional, y cuando yo llegué me dijeron: ‘Vas a trabajar en otro’, y me tocó aprender.
“Yo soy de la idea de que lo único que le hace falta al chiapaneco es que le enseñes, porque somos muy inteligentes; tengo compañeros que, a mi consideración, son mucho mejor como programadores, y que tenían más pasión por programar; el único problema es que no sabían inglés, es el único detalle”.
¿Dirías que el estudio del idioma es indispensable?
“Definitivamente, porque en cuestión de la enseñanza de la ingeniería, como tal la institución, es muy buena, los maestros son buenísimos, exigentes; yo no sabía nada de programación, cuando entré aquí me tocaron muy buenos maestros, aprendí muy bien y ese conocimiento fue el que me llevó para allá.
“Ahora estoy trabajando como ingeniero en sistemas de forma profesional, no llevaba más que un año de experiencia. No es como que me llevaron por mi experiencia profesional, fue por el idioma.
“Es que es una barrera, allá te hacen las entrevistas en inglés para ver si vas a dar el ancho, si vas a poder comunicarte con los clientes, superiores o equipo de trabajo.
“Además los trabajos a nivel profesional son mucho menos exigentes y menos explotadores que aquí; y ningún salario máximo como desarrollador de México equivale a lo que puedes ganar en Norteamérica.
“El salario máximo que puedes obtener aquí es de 60 mil pesos al año y siendo el desarrollador de la empresa. Allá al año, un desarrollador común gana a 50 mil dólares al año.
“Obviamente es más caro, gastas un poco más, pero la calidad de vida aumenta al año; y me alcanzó para rentar un buen departamento, sacar el préstamo de un carro y nunca he batallado pensando en que no voy a llegar a la quincena.
“Son buenas empresas trampolines en la que estoy laborando ahora, estoy ganando 85 mil dólares al año”.
Actualmente, ¿hay trabajo en el campo profesional del resto de Norteamérica?
“Sí hay campo, y ahorita precisamente, con todo esto de la pandemia hay muchísimas oportunidades y no sólo para mi carrera.
“Yo le diría a mis compañeros de carrera: ‘A poco no estaría muy padre que pudieran comprarse las consolas que quieran, la computadora que deseen’, porque es muy fácil la vida y el trabajo, y es simplemente por la diferencia de salarios.
Enrique Constantino se despidió muy alegre, viene a México a visitar a la familia, y dentro de sus proyectos de vida, espera seguir trabajando hasta los 50 años y luego regresar, pues quiere usar la experiencia adquirida profesionalmente y venir a compartirla con las futuras generaciones. “Quiero regresar a Chiapas, ya sea a Comitán o Tuxtla, ahora sí, a dar clases, porque eso es lo que realmente quiero y lo que a mí me gusta mucho”, conluyó.
“A mí se me hacía ridícula esa frase de Trump, de que ‘nos están robando trabajo’, porque no fue fácil, yo no le robé el trabajo a nadie, nadie quiso ese trabajo”.
“Al mexicano lo ven como alguien muy amable que busca soluciones creativas a todos los problemas”.
“Un ingeniero formado aquí puede dar la talla, es más cuestión de actitud que de aptitud, a mí me contrataron para trabajar en cierto lenguaje computacional”.
“Yo soy de la idea de que lo único que le hace falta al chiapaneco es que le enseñes, porque somos muy inteligentes”.












