“El Indio” que nació para volar

“El Indio” que nació para volar

“Cuánto tiempo dura un segundo. A veces es infinito”, es una de las frases más populares de la literatura universal, la cual se asemeja a la vida de quien pudiera ser el jinete más rápido en carreras de caballos del estado.

En la mejor época de su vida don Juan era traído en avioneta para que compitiera en distintos certámenes. También es conocido como “El Indio”.

Las distintas victorias conseguidas en cuestión de segundos se mantienen constante e infinitamente en su memoria, las cuales vuelve a vivir palabra por palabra en sus relatos frente a su familia, reportero y camarógrafos.

Al preguntar por Juan Esteban Santos Castillejos en su natal Azteca, Arriaga, nadie brinda referencia sobre él, como tampoco en Cintalapa donde forjó su vida adulta y familia. Basta con preguntar por “El Indio” y todo mundo contará de él, aquel hombre que alguna vez vivió de ser el mejor jinete.

A los ocho años de edad, Santos Castillejos realizaba las primeras carreras de caballos, compitiendo contra niños o adultos. Su corta edad, peso ligero y esencialmente inteligencia audaz lo convertían en un habilidoso jinete.

“No entiendo cómo me nació el gusto por los caballos, por parte de la familia de mi mamá y de mi papá no había a quien le gustara. En los tiempos libres después de cuidar la milpa, mientras otros se iban a jugar fútbol, béisbol, yo me iba a ver los caballos, las carreras”, recordó don Juan, sentado a lado de una pequeña figura de caballo.

Mediante las competencias equinas conoció todas las regiones del estado e incontables municipios: San Cristóbal, Simojovel, Salto de Agua, Cintalapa, Arriaga, Tonalá, Mapastepec, Teopisca, Comitán, Frontera Comalapa, Huixtla, por mencionar algunos; como también los estados de Oaxaca y Veracruz.

“Gracias a Dios fui muy conocido, muy respetado, porque me enfrenté con lo mejor que había en ese tiempo, como don León Castro y el difunto Lalo Díaz de Veracruz. Me tocó enfrentarme con otro al que también le decían ‘El Indio’, oriundo de la Ciudad de México”, indicó Santos Castillejos.

Con tan sólo 14 años de edad era solicitado por diversos empresarios del campo para que los representara. Dice que el arte de competición requiere de mucho cuidado físico, principalmente cuidar el peso de cada jinete, ya que entre menos peso cargue el caballo más veloz será.

El principal riesgo de esta competición es la muerte. Don Juan fue testigo de ello, por eso dice que no solamente es montarse y nada más, sino saber acomodarse, dirigir al animal y estar siempre alerta durante esos 10 o 15 segundos.

“Siempre en la vida se gana y se pierde, pero afortunadamente obtuvimos más victorias. La carrera más difícil fue en Arriaga donde corrimos con 450 varas (382 metros), con una yegua del difunto Paín Ornelas, quien llegó a tener corridos; competimos contra otra yegua de Veracruz muy veloz”, recordó.

Entre los patrocinadores de don Juan se encontró también un subprocurador de Justicia del estado, grandes aserraderos, rancheros, todos buscando siempre su talento. Siempre era una victoria segura con Juan Esteban.

“Una vez estaba en Salto de Agua, corrí un caballo a la 10 de la mañana y tenía que estar a la una de la tarde en un rancho de Cintalapa para otra carrera. Bajándome del caballo me subí a la avioneta y volé hasta Cintalapa. Andaba uno todo el tiempo a la carrera y solicitado”, añadió.

Para “El Indio” las competencias se volvieron una adicción, cada vez mas pasionales. Sentir el viento en el rostro cuando atravesaba las dos orejas del animal, observar de reojo a los competidores que parecieran perseguirte y nunca alcanzarte, dijo.

Su vida activa en el mundo de las carreras equinas fue desde los 8 hasta los 26 años de edad; su infancia, adolescencia y parte de la vida adulta la sobrevivió gracias a las competencias y a decenas de caballos fieles: El Bolis, Payaso, Espada, Burbuja, José José, fueron algunos de sus compañeros cuadrúpedos.

Casi al final de la conversación don Juan se “quebró”. Recordar su última competición en Tonalá y repentinamente decir adiós a las competencias parece dolerle. Dijo que al despedirse de las carreras jamás volvió a montar un caballo; de vez en cuando asiste a competiciones, pero como un espectador más.

“Ya no quería seguir más con esto, ni fui a traer mi ropa a San Cristóbal de Las Casas; lo dejé y lo dejé. Muchas personas seguían buscándome e insistiendo. Eso (las carreras) eran mi coa, mi machete, mi arma de vida, pero te tienes que adaptar a la vida, buscar otros trabajos. Sí me costó, lo soñaba”, finalizó uno de los corredores más veloces del estado.