"El poder construye a sus interlocutores, es decir, elige con quiénes se comunica. En buena medida eso es lo que durante los días recientes ha hecho el gobierno federal con los líderes del cártel de La Familia Michoacana: otorgarles el estatus de voces merecedoras de la atención pública.
Desde esa perspectiva, no puede acusarse a los medios de comunicación de colocar indebidamente a la autoridad y a la delincuencia en el mismo nivel, cuando es justamente el gobierno el que parece dispensar a los criminales un tratamiento igualitario.
zEra conveniente que el mismo día que el narcotraficante Servando Gómez Martínez conovocó al gobierno a un supuesto pacto, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, diera una conferencia para sostener que el Ejecutivo federal no concerta con el hampa? zEra necesario que el responsable de conducir la política interna del país dijera a los integrantes de La Familia Michoacana: ""Senores... los estamos esperando; métanse con la autoridad y no con los ciudadanos. Esa es la invitación que les hacemos"", como si se tratase de un pleito de barrio.
Son ya muchas las voces que, incluso desde el partido en el poder, han cuestionado ese tono y ese talante que, en efecto, no parecen los más afortunados.
De toda evidencia, el Estado mexicano está por encima de cualquier interés ilegal. Sin embargo, la opinión pública debe prestar atención a todas las voces que son tomadas en serio por la autoridad. En ese sentido, mal haría el periodismo si no estuviera pendiente del tono empleado por el gobierno en sus mensajes y, en especial, de los actores a quienes se considera dignos de diálogo.
Sería deseable, entonces, que el Ejecutivo federal y sus voceros cuidaran con quiénes hablan de cara a la galería pública y a quiénes ofrecen su silencio.
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