En la Plaza del Mariachi, en la capital del estado, puede verse a un joven aprendiz de músico que alterna su necesidad laboral con la práctica diaria del violín.
Es un ejemplo de superación y motivación, dicen los mariachis que a su lado deambulan, buscando clientes que precisen alentar con un acorde musical, alguna reunión familiar o un encuentro convencional.
Los mariachis, hombres ataviados con ropas negras e instrumentos al hombro, toman, de cuando en cuando, un tiempo para corregir y practicar junto al joven que con buen oído musical y ávido de conocimiento, comienza una nueva realidad, una más cercana a la creación artística que la delimitada por la venta informal de golosinas. Fotografía: Rs Bladimir












