n Rafael Victorio / CP
Segunda y última parte
El mar devora la playa, arrasa construcciones y campos de cultivo; en diez años ha penetrado unos 500 metros de tierra firme y no cesa. En el trayecto entre San Benito en Puerto Madero y la barra de San Simón en Mazatán, lo único que se aprecia es la destrucción.
Entre las olas se ven lo que alguna vez fueron los cimientos de una casa de descanso, el pozo de donde obtenían agua dulce, la alberca o la pared a punto de desplomarse.
El letrero ¡Bienvenidos a Playa Dorada! que allá por el año 2009 recibía a los visitantes a San Benito, ubicado al norte de Puerto Madero, hoy ha desaparecido al igual que gran parte del panteón municipal en donde papaleros han instalado sus negocios que ya están siendo “tragados” por el mar.
El constante golpeteo de las olas ha obligado a muchos propietarios a detener sus proyectos porque su dinero se está hundiendo; en lo que antes se anunciaba serían espacios para el descanso, de la alegría y la prosperidad, hoy no existe nada, sólo vive el recuerdo en el silencioso y solitario lugar.












