El mar devora la playa, arrasa construcciones y campos de cultivo; en diez años ha penetrado unos 500 metros de tierra firme y no cesa. En el trayecto entre San Benito en Puerto Madero y la barra de San Simón en Mazatán, lo único que se aprecia es la destrucción.
Entre las olas se ven lo que alguna vez fueron los cimientos de una casa de descanso, el pozo de donde obtenían agua dulce, la alberca o la pared a punto de desplomarse.
El letrero ¡Bienvenidos a Playa Dorada! que allá por el año 2009 recibía a los visitantes a San Benito, ubicado al norte de Puerto Madero, hoy ha desaparecido al igual que gran parte del panteón municipal en donde papaleros han instalado sus negocios que ya están siendo “tragados” por el mar.
El constante golpeteo de las olas ha obligado a muchos propietarios a detener sus proyectos porque su dinero se está hundiendo; en lo que antes se anunciaba serían espacios para el descanso, de la alegría y la prosperidad, hoy no existe nada, sólo vive el recuerdo en el silencioso y solitario lugar.
En diez años, la desviación de las corrientes marinas, a causa de la ampliación de la escollera para evitar el azolvamiento en los canales de navegación para el ingreso de buques de gran calado a Puerto Chiapas que se inauguraron en el 2006, ha provocado la devastación en kilómetros de playa y los daños materiales son incuantificables.
Lo que se pensaba podía ser un paraíso y convertirse en una zona turística entre el mar y los manglares del canal intercostero, hoy permanece completamente abandonado.
Y es que el mar se traga la tierra, ola tras ola destruye todo lo que encuentra en la playa; ha hecho desaparecer fraccionamientos y casas de descanso de las que solamente quedan señales de la bonanza en que estaban sus propietarios; en varios casos solamente se aprecia lo que fueron los cimientos que ahora son cubiertos por las aguas.
Se han perdido unos 500 metros de tierra firme desde la playa de San Benito en Puerto Madero de Tapachula hasta la desembocadura de la barra de San Simón del municipio de Mazatán, tanto que ejidatarios dejaron de sembrar sandía y melón.
Los fraccionamientos Playa del Sol y Villa Dorada fueron totalmente abandonados por los propietarios al darse cuenta que más temprano que tarde el mar terminaría con ellos. Las casas que estaban más cerca de las playas ya desaparecieron.
Pozos artesianos, albercas y chapoteaderos están por colapsar con el golpe de las olas; a la orilla del mar se observan pedazos de paredes de casas de descanso y en algunos casos, sólo los cimientos entre las olas.
Para el especialista Roberto Moreno García, la destrucción de esa zona de la playa se agudizó a partir de la extensión de la escollera en Puerto Chiapas, al haber cambiado la circulación de las corrientes marinas.
Al sur de Puerto Chiapas la extensión de la playa se ha incrementado, mientras en el norte se han perdido, pero aparte de ello es que “la escollera ya llegó a su máximo de vida y la arena ya está ingresando nuevamente a los canales de navegación y los está azolvando”.
Atención urgente
Tanto es que el Gobierno federal se vio obligado a iniciar trabajos de desazolve utilizando una draga de la Secretaría de Marina-Armada de México que en una primera etapa sacó cien mil metros cúbicos de arena y ha iniciado la segunda, para otra cantidad similar y requiere tres procedimientos más con la finalidad de que la profundidad quede como la demandan los grandes buques que cada semana entran a cargar plátano que va de exportación a Estados Unidos.
“El litoral transporta materiales y al prolongar la escollera, el mar empezó a ganar terreno de un lado –sur- y no deja pasarla al otro –norte-, registrando una severa erosión y destrucción”, señala el especialista.
Y lo mismo ocurre con la protección “rompeolas” instalada a lo largo del poblado de Puerto Madero hasta San Benito que “ya llegó a su límite máximo de vida, ante lo cual es urgente la realización de estudios técnicos y trabajos de reforzamiento”.
Señala que la Dirección General de Puertos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes está obligada a atender la problemática y diseñar un plan maestro no solamente en cuanto a la operación efectiva de Puerto Chiapas, sino todos sus alrededores.
Es más, una serie de espigones se pusieron en varios puntos entre Puerto Madero hasta San Benito que ya no están soportando los oleajes. “A estos se les debe dar mantenimiento cada cinco años, caso contrario las corrientes marinas mueven la arena, las piedras, erosionan y en un momento dado se van a llevar todo”.
Advierte que hasta Puerto Madero corre el riesgo de desaparecer si no se atiende el mantenimiento y fortalecimiento del muro de protección que ahora tiene.
Auxilio
El mar sigue ganando terreno y causando afectaciones serias en palapas y restaurantes, aparte de casas y terrenos de cultivo, pero no existe ningún programa de ayuda, aunque los dueños tienen que pagar sus respectivos impuestos.
El restaurantero Juan Manuel López afirma que cada año los daños aumentan, sobre todo durante las temporadas de lluvias y de frentes fríos, cuando los oleajes son generalmente altos.
“Yo he pedido mi palapa muchas veces por la entrada del mar y la reconstruyo con mi propio esfuerzo, porque de las autoridades no tenemos ninguna ayuda, pero sí nos cobran impuestos como si siguiéramos trabajando en forma normal y no estuviéramos afectados”, insiste.
En las palapas ubicadas a la altura del panteón municipal de Puerto Madero y de las playas de San Benito se notan los daños, las albercas y chapoteaderos ya han tenido que ser cubiertas con costales para evitar que la arena que acarrean las olas las afecten.
No queda nada
Raúl Ortiz, quien tenía una casa de descanso en Playa del Sol, vio con los años desaparecer su patrimonio con la entrada del mar. “Compramos y construimos pensando que sería un lugar de desarrollo turístico y lo que ahora tenemos es desolación”.
Entre ese lugar, Villa Dorada y San Simón, entre las olas se pueden apreciar los cimientos de lo que alguna vez fueron grandes construcciones y la destrucción continúa incesante.
Algunos pozos artesianos, tanques de almacenamiento de agua, albercas y chapoteaderos, partes de paredes quedan solamente prendidas por un pedazo de tierra firme tras recibir los golpes de las olas.
En un recorrido por la zona se puede apreciar el grado de la destrucción y los daños materiales incalculables. Los afectados no han recibido ningún tipo de apoyo de autoridades federales a las que responsabilizan de ello al no haber realizado los estudios técnicos necesarios para la ampliación de la escollera.
“Afianzaron el desarrollo en Puerto Chiapas pero nos causaron afectaciones severas y a nosotros nadie nos indemnizó; es más, nunca nos escucharon”, mencionan afectados que piden el anonimato.
Y es que ya no quieren ni ir a ver cómo están sus propiedades, “si es que todavía existen”; a muchos lo único que les queda son los recuerdos.
En los poco más de diez kilómetros entre San Benito y la barra de San Simón, a la orilla de la playa ya no se ve la presencia humana, sólo se escucha el rugido del mar; lo poco que queda de las construcciones muestran en sus muros el signo de pesos. Sus propietarios ya no quieren invertir, menos estar ahí.Segunda y última parte












