El México de la corresponsabilidad

"Resuelto el asunto de la toma de protesta ante el Congreso de la Unión del presidente Felipe Calderón, lo que sigue es supervisar ya no los dichos sino los hechos que empiece a implementar desde su investidura para actuar en dos frentes, el primero, el sustantivo: ataque a la pobreza, empleo y seguridad. El segundo, la convocatoria para iniciar un diálogo incluyente, donde todos los actores políticos y la sociedad seamos no sólo copartícipes sino corresponsables de los cambios.

La disposición del nuevo Presidente de la República para modificar las hoy insatisfactorias reglas del juego político y la propuesta concreta de iniciar una tercera generación de reformas electorales, que corrijan insuficiencias mostradas, se basa en una oferta inicial de que la agenda presidencial no se oriente hacia un monólogo sino hacia un diálogo.

No podría ser de otra forma si él mismo reconoce la seriedad de los distanciamientos entre partidos y la complejidad de las circunstancias en las que asume el poder. Eso es atinado, porque nadie puede, en los tiempos actuales hacer como que nada ha pasado y todo está tranquilo.

Pero para un diálogo se necesitan cuando menos dos y no hay visos de que eso suceda. Andrés Manuel López Obrador sigue planteando que en el país no hay normalidad democrática y que no se respetó ""la voluntad de los mexicanos en las urnas"". Ciudadanos de buena fe siguen compartiendo su visión.

Es deseable, sin embargo, plantearse el inicio de un ciclo distinto. La izquierda, puede aferrarse a lo que uno de sus teóricos más preclaros, Fernando Henrique Cardoso, describe como ""utopías regresivas"" o puede, con su indudable avance electoral, configurarse como parte de la solución de problemas urgentes que ella misma ayudó a poner en el centro de la agenda.

Quizá a eso se debe que el presidente Calderón haya retomado entre sus propuestas iniciales una muy sentida por quienes no votaron por él: la de reducir los gastos del Poder Ejecutivo y los salarios de los altos funcionarios de su gobierno. Al tiempo que se comprometió a revisar el presupuesto público, dándole una orientación más social, cuya profundidad está por verse.

Y es que no es sólo la pobreza sino la desigualdad lo que fustiga a toda nuestra sociedad, tanto en la iniciativa privada como en el gobierno, el margen entre lo que ganan los altos mandos y la tropa, hablando literal y figurativamente, es enorme.

Hay muchas cosas que resolver en el país, Calderón se definió en campana y refrendó en su discurso de ayer que pretende ser el presidente del empleo, aquí es donde los empresarios tienen que arroparlo invirtiendo como nunca.

Nadie puede pretender que ""papá-gobierno"", aunque tuviera la mejor voluntad del mundo, puede solo.

Los mexicanos que queremos vivir en democracia tenemos que saber que eso implica no sólo ir a las urnas sino ser copartícipes y corresponsables del cuidado del tejido social. Ése es el reto para profundizar la ciudadanía.

Para Felipe lo será el de demostrar con sus actos que en verdad, como lo ha ofrecido, será Presidente de todos los mexicanos. (El Universal)

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