"México no está generando científicos suficientes para ponerse en un lugar siquiera modesto en la sociedad del conocimiento. Esto nos condena a seguir siendo dependientes de los avances de otros y consumidores pasivos de ciencia y tecnología. Mientras otras naciones saben ponerle valor agregado a sus productos, nosotros no contamos con los expertos para hacerlo, o los educamos para luego dejarlos florecer en otros países.
En el estudio Prospectiva México Visión 2030 del Foro Consultivo Científico y Tecnológico se prevé que para 2015 México tendrá solo ocho por ciento de jóvenes en el Sistema Nacional de Investigadores (SIN), pero para el año 2030 solo tres por ciento los jóvenes aspirantes a una carrera en la investigación.
De los escasos jóvenes que se doctoran, nada más una tercera parte ingresa al SIN debido a que la mayoría de ellos no obtienen un trabajo en México que les permita continuar activos en el terreno de la investigación. Tampoco hay financiamientos suficientes hacia el sector, lo que desestimula que más estudiantes se dediquen a la ciencia de tiempo completo.
Pudiera pensarse que el problema se reduce exclusivamente a que no hay recursos para invertir en ciencia, pero esto sólo en un síntoma más de una crisis estructural que se arrastra desde la base del sistema educativo, en el que no se ha sabido inculcar entusiasmo en los estudiantes por las ciencias exactas.
Los alumnos mexicanos en general temen a las matemáticas, la física o la biología, prejuicios que arrastran por todo el ciclo escolar hasta llegar a la universidad, donde se aprecia una sobre demanda de carreras humanísticas, generadoras de empleados orientados al sector de los servicios, con sueldos y empleos a la baja.
Este fin de semana, la directora del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Yoloxóchitl Bustamente, dijo que es necesario un cambio en el IPN y en otras instituciones de educación superior para que las matemáticas ""sean un lenguaje que nuestros jóvenes busquen"".
Urge un andamiaje de docencia científica en el que participen todas las instituciones educativas, públicas y privadas, más la industria que echa mano de la ciencia y la tecnología en sus procesos, para cultivar una generación de jóvenes que desarrollen las investigaciones, los descubrimientos, los inventos y las patentes mexicanas del futuro. No invertir en esto sería suicidarnos como país y dejar que otros decidan por nosotros. (El Universal)
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