"Ninos, madres, familias completas quedaron ya atrapadas en una guerra cuyo saldo sangriento, se pensaba, sólo afectaría a los policías inmersos en la refriega o a quien ""anduviera en malos pasos"".
En su arrogancia, los narcotraficantes han declarado la guerra al Estado y en el último ano han demostrado que en su obsesión por mantener intacto su negocio harán lo que sea: financiar campanas políticas, costear marchas para repudiar la presencia del Ejército, utilizar a menores de edad, secuestrar empresarios, cobrar derecho de piso a comerciantes o pena de ser asesinados e incluso utilizar a personas inocentes como escudos ante las balas.
Acostumbrados por décadas a la impunidad, los delincuentes reaccionan con altanería, ""buscando un reto con las Fuerzas Armadas"", apunta con precisión el secretario de Marina, Francisco Saynez Mendoza.
Pero la necesaria y tal vez demorada respuesta de las autoridades al desafío ha tenido que variar tal como lo ha hecho la estrategia del crimen organizado ante el acoso militar.
Como un virus, los delincuentes mutan según las circunstancias adversas en que las autoridades federales los han puesto y esa adaptabilidad ha conducido al recrudecimiento de la violencia.
Si la escalada continúa, como lo ha hecho en los anos recientes al pasar de meras balaceras a torturas infames y mutilaciones, zqué seguirá? La respuesta lógica está en la comparación con Colombia: el narcoterrorismo y la fragmentación de los cárteles en pequenos grupos difíciles de hallar y combatir. Urge redoblar esfuerzos para evitarlo.
Los narcos han llevado la guerra a las familias de las autoridades y a las personas comunes, y cruzaron un límite no declarado. Entrar en la dinámica de competencia armamentista del narcotráfico resultará, bajo un tamiz optimista, en una victoria a muy largo plazo y con costosas secuelas para el país.
El desafío requiere más bien un combate por medio de dos nuevos frentes. Primero, es necesario prevenir los movimientos de estos asesinos más allá de la Iniciativa Mérida. Al tráfico de armas y el lavado de dinero deben sumarse otros giros como el tráfico de personas.
Se han afectado los intereses de los capos, lo que parece evidente por su reacción; pero en esta guerra, como en cualquier otra, no basta con reaccionar sino que se deben encontrar variantes antes de que lo haga el enemigo.
Es urgente atender un bastión en el que hasta la fecha se ha destinado poco presupuesto, aunque a largo plazo provee resultados más duraderos: la prevención en los sectores vulnerables al reclutamiento, sobre todo los menores de edad, y la rehabilitación de quienes llegan a los centros de reclusión tras su paso por las filas del narcotráfico ya sea por necesidad o por la ilusoria promesa de éxito difundida por los narcocorridos.
El uso inteligente de la fuerza -y el cobro de vidas que inevitablemente conlleva- será eficaz en la medida en que la cárcel otorgue una alternativa al crimen, y en tanto sea fácil hallar en las calles de México a cientos de miles de incautos susceptibles a la seducción del dinero fácil. En este punto, usted, nosotros, la sociedad como un todo, tenemos el poder de inclinar la balanza a favor del bien. (El Universal).
"











