El oficio de joyero desafía el paso del tiempo

El oficio de joyero desafía el paso del tiempo

En el corazón del barrio Niño de Atocha, en Tuxtla Gutiérrez, la tradición joyera resiste gracias a la constancia de artesanos como José Luis Montesinos Pérez, quien desde 1972 ha dedicado su vida a este oficio.

Su historia comenzó en la infancia, cuando al salir de la primaria se detenía diariamente en un taller cercano a su casa.

La curiosidad pronto se convirtió en aprendizaje bajo la guía de un maestro joyero, iniciando así un camino que no ha abandonado en más de cinco décadas.

Montesinos Pérez recuerda los inicios de la joyería como un proceso completamente manual.

“Los anillos se moldeaban en plomo y se vaciaban a mano, en técnicas que exigían precisión y paciencia”, explica.

Modernización

Con el paso del tiempo, la modernidad introdujo herramientas como la centrífuga, facilitando el vaciado de metales como oro y plata.

Sin embargo, el artesano destaca que, pese a los avances tecnológicos, “el trabajo sigue siendo esencialmente artesanal, desde el diseño en cera o modelos 3D hasta el pulido final que da vida a cada pieza”.

El proceso de creación de un anillo, explica, inicia con la fundición del metal, “seguido del laminado y la medición exacta mediante herramientas tradicionales como la anillera”. “Cada pieza puede tomar varios días, considerando el secado, el horneado y el vaciado, lo que evidencia el valor del trabajo hecho a mano”, agrega.

En su taller, ubicado en la novena norte, el maestro ha elaborado desde anillos de boda hasta medallas conmemorativas y dijes personalizados.

Desafío generacional

No obstante, la permanencia de este oficio enfrenta un desafío generacional.

Para finalizar, el artista de estos metales que se transforman en joyas preciosas, advierte que cada vez son menos los artesanos activos en la ciudad y lamenta la falta de interés entre los jóvenes.

Aún así, mantiene la esperanza de que surjan nuevos aprendices que continúen con esta tradición, convencido de que la joyería artesanal no solo es un oficio, sino un legado cultural que no debería desaparecer.