En esta continuidad de trabajos entorno al papa, explicaremos esta ocasión cómo el Papa Francisco se ha permitido hablar de algunas realidades como el matrimonio, el noviazgo, la eutanasia, la desocupación juvenil o la falta de esperanza.
“La familia está en crisis no es una novedad, los jóvenes no se quieren casar, prefieren convivir sin compromisos”, ha señalado el papa.
Comenta que él muchas veces se pregunta que si las personas que se casan quieren realmente llevar a cabo el sacramento o por convención social.
“No está de moda casarse. ¿Tú que vienes a casarte vienes para recibir el sacramento o porque socialmente se debe hacer?”, reflexiona Francisco.
En este contexto recordó un caso de una pareja que él conoce y que tardó mucho en casarse porque querían el sitio perfecto, la iglesia perfecta, el vestido perfecto. A lo que les preguntó: “Pero ¿con qué fe te casas tú?”.
El papa asegura que es normal que haya peleas en los matrimonios, y que vuelen los platos, pero dio un consejo a las parejas casadas: “no finalizar el día sin hacer las paces”.
Francisco pide a los jóvenes que no pierdan la esperanza, que sigan siempre el camino del bien y también les recuerda siempre que cuiden a las personas mayores.
Eutanasia
Sobre la eutanasia, el papa ha denunciado una clase de “eutanasia oculta” de la sociedad que descarta lo que no es útil como los ancianos o los niños.
“Es una costumbre hoy dejar morir a los ancianos, pero decimos la palabra técnica, ‘eutanasia’, pero también existe una eutanasia oculta”, afirmado.
En este sentido, ha puesto el acento en que la soledad es el veneno más grande para los ancianos y ha explicado que la cercanía, la amistad, la ternura, es la mejor medicina para vivir largo tiempo.
Asimismo, advierte a los hijos que lo que se siembra se recoge.
“Yo pregunto a hijos que tienen padres ancianos: ¿Ustedes son cercanos o los tienen en una residencia, los van a visitar?” dijo.
“Se descartan ancianos, porque se les deja solos y además nosotros, los ancianos, tenemos achaques y traemos problemas”, explica el papa.
Finalmente, ha pedido a los jóvenes que nunca pierdan la esperanza.
“Hoy noviazgo y convivencia es casi lo mismo, aunque hay excepciones”, ha dicho el papa, que ha precisado que no tiene la receta para resolver la crisis familia, pero si la intención de ayudar a la conservación del matrimonio.
Explicó que la misma palabra, “noviazgo”, tiene que ver con la confianza, la confidencia y la fiabilidad. Confidencia con la vocación que Dios da, dice Francisco, porque el matrimonio es, ante todo, el descubrimiento de una llamada de Dios.
Afirma que precisamente la libertad del vínculo requiere una consciente armonía de la decisión, y no solo una relación basada en la atracción o el sentimiento.
“El matrimonio, como vocación, establece una alianza tan sólida y duradera, que hace de dos vidas una sola, un auténtico milagro de la libertad humana y de la gracia de Dios”, señala.
El papa también recordó que semejante alianza no se improvisa. De ahí que el noviazgo cree las condiciones favorables para que el hombre y la mujer se conozcan a fondo, para que maduren la decisión responsable por algo tan grande, que no se puede comprar ni vender.
Mientras la cultura consumista del usar y tirar y del todo y enseguida, imperante en nuestra sociedad suele tender a convertir el amor en un objeto de consumo, que no puede constituir el fundamento de un compromiso vital.
Por eso Francisco dijo que la Iglesia, en su sabiduría, precisamente para proteger la profundidad del sacramento ha preservado la distinción entre el noviazgo y el matrimonio. Y, de hecho, los cursos prematrimoniales constituyen una expresión de su solicitud por la preparación de los esposos.












