"Heriberto Ortiz * CP. El Parachico es el actor principal de una puesta escénica que involucra unos siete mil participantes que año con año revive una mezcla de hechos históricos, sociales y religiosos que forjaron parcialmente la historia de Chiapas como pueblo, situación que ubica a la región dentro de un selecto grupo de etnias en el mundo que de manera independiente reviven sus orígenes y con ello imposibilitan su desaparición.
El Parachico
-Nada cambia, apenas el tiempo que ahora transcurre más aprisa nos hace prisioneros de la brevedad, pero la historia danzada y marcada en la voz que se trasmite de boca en boca, jamás desaparecerá, expresó Antonio Nandaguchá, ""Parachico"" desde hace unos treinta años.
Preguntando detalles al sujeto de 67 años de edad, alfarero de oficio, a propósito de su oficio narró su conocimiento al interior de un salón en calles de Chiapa de Corzo, con techado de más de cuatro metros, cobijado por el barro. Ser ""Parachico"" es una tradición heredada de sus padres que él mismo trasmitió a sus propios hijos.
-No somos únicamente ""Parachicos"", hay ""Chuntás"", priostes, encargados de ermitas, coheteros, músicos y muchas personas más que participamos.
Apenas cortando la habilidad de sus manos para moldear vasijas de barro que vende dentro del Mercado Viejo de Chiapa de Corzo para que un intermediario los pinte y revenda en ""Los Arcos"", en el Parque Central de ese municipio, continuó narrando que hace poco tiempo, cuando investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia llegaron a la zona, se enteró que en realidad ellos realizan una puesta teatral.
-Yo ni sabía, no sabíamos esa verdad, pero lo cierto es que lo llamen como llamen y cante quien cante, la verdad en los grandes salones, nadie podrá quitar a Chiapa de Corzo su fiesta de ""Parachicos"", pues lejos de los estudios y el paso del tiempo, la historia de Chiapa de Corzo se reescribe dentro de las casas de los chiapacorceños.
Misticismo
Evocando un pasado preciso -aunque trémulo por la transmisión oral y cultural- cada año, del 4 al 23 de enero se desarrolla en Chiapa de Corzo, antes llamada Chiapa de los Indios, la llamada ""Fiesta Grande de Chiapa de Corzo"", el marco a través del cual se trasluce la evocación de historias y leyendas que se entrelazan con la fe.
Éstas convergen a través de música, danza y rituales derivados del periodo de la Colonia entre calles de una de las ciudades de menores dimensiones del territorio estatal, donde hasta siete mil danzantes, entre los llamados ""Parachicos"" y ""Chuntás"" reviven la historia de María Angulo y su búsqueda de cura para un hijo enfermo. Pero además se realizan rituales en torno a la advocación de San Antonio Abad, San Sebastián Mártir y el Señor de Esquipulas.
Respecto de la historia de María de Angulo, fuente de origen de los danzantes, cuentan las memorias, lenguas y escritos más enterados, que todo inició cuando ésta, una mujer española, llegó hasta Chiapa de Corzo en busca de un hechicero, famoso por su capacidad para sanar enfermedades.
Y es que la mujer española y adinerada de mediados del siglo XVIII buscaba la cura para una extraña y poco definida enfermedad que azotaba a su pequeño hijo de apenas algunos años de nacido.
Según algunos narradores, el curandero sumergió al niño en las aguas de un río llamado Cumbujuyú durante nueve días. Milagrosamente el infante habría sanado de sus padecimientos.
Alegre por la cura de su niño, la mujer emprendió el regreso a su vivienda fuera de Chiapas -en un sitio que para algunos era Centroamérica y para otros fuera del país-, pero al poco tiempo de haberse marchado, una sequía prolongada derivada en hambruna azotó la región, por lo que la mujer acompañada de un numeroso grupo de sirvientes, dinero y alimentos regresó a las tierras que habían sanado a su hijo.
Muy agradecida la mujer pasó un largo periodo en lo que hoy es Chiapa de Corzo repartiendo comida directamente, otras veces dinero y otras más acompañando a la gente en sus rituales de fe para pedir lluvia.
La peculiar relación entre los pobladores y la mujer española y su hijo habría dado origen a la mitificación de un hecho histórico en realidad poco documentado.
Y es que se narra que los antiguos chiapacorceños se disfrazaron para entretener al niño, ""para-el-chico"" de María Angulo, en tanto que otros se vestían de ""Chuntás"" para parecerse a las mozas de la señora española y evitar el llanto del infante que se hallaba lejos de sus niñeras.
Por otro lado, se sabe también que en tierras chiapacorceñas se hermanaron tiempo atrás las figuras míticas de San Antonio Abad, San Sebastián Mártir y el Señor de Esquipulas, quienes habrían recibido danzas y gracias para solicitar las lluvias y que parara la sequía.
Igual con el paso del tiempo, las vestimentas de los disfrazados ""para-el-chico"" y de ""chuntás"", se congregaron con la advocación de San Antonio Abad, San Sebastián Mártir y el Señor de Esquipulas para dar paso a la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo.
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