Los programas de monitoreo que ha realizado personal de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) en los alrededores del volcán Tacaná arrojaron como resultado nuevos avistamientos del pavón, una especie emblemática, en peligro de extinción y de distribución restringida en Chiapas, sin embargo, también han señalado que el jaguar se aleja cada vez más de la zona, comentó Francisco Javier Jiménez González, director de la Reserva Natural.
Entrevistado sobre el tema, explicó que tenían la creencia de que las aves no se dejaban ver en temporada de lluvia, sin embargo, en los trabajos de vigilancia se encontraron con varios ejemplares en los alrededores de la montaña, cuya altitud supera los cuatro mil 100 metros sobre el nivel del mar.
Jiménez González detalló que el monitoreo biológico lo realizan todo el daño, sirve para medir la “salud” de todo el ecosistema que rodea al volcán; lamentablemente, en los alrededores del cráter ya no se tienen más avistamientos de especies más grandes como jaguares, pumas y tapires, debido al avance de los asentamientos humanos.
Son los felinos de mediano tamaño, como el tigrillo, el ocelote o el jaguarundi, los que aún se pueden observar en el territorio. Los reportes indican que los más grandes han aparecido en la parte del cráter pero del lado de Guatemala, lo que impide a la Conanp darle un seguimiento en los monitoreos.
En estos momentos la dependencia federal cuenta con 35 personas que son los vigilantes en seis comunidades; y, del lado de Centroamérica, son 12 monitores los que están al pendiente de los avistamientos de las aves y de los felinos de mediano y gran tamaño.
La fórmula matemática que tiene definida la Conanp en la reserva detalla que se pueden encontrar (en algunos territorios) hasta cinco pavones por kilómetro cuadrado. Los trabajos que realizan de monitoreo también van orientados a que, mediante un modelo científico, puedan determinar el número de quetzales, pero falta que se corrijan algunas variables.
Aunque en la zona alta de la Sierra Madre de Chiapas, dijo, no se tienen comunidades asentadas, en los alrededores del Tacaná sí; incluso, por arriba de los tres mil metros sobre el nivel del mar han detectado viviendas, situación que impacta de forma directa en el hábitat del jaguar o del puma, especies que fueron cazadas sin restricción alguna en los últimos años.
“Se fue extirpando de esta región a estas tres especies, incluiría al tapir. Nosotros pensamos que el ecosistema es apto; actualmente, la mentalidad de la gente es adecuada como para que estos animales regresen a aquellos lugares en donde todavía hay presas”, detalló el biólogo de profesión.
Jiménez González destacó que ahora la población realiza trabajos de vigilancia en la misma reserva, ya que han entendido las ventajas económicas que pueden obtener si hacen buenas prácticas en la producción de miel, café y hasta del cuidado al bosque, dejando a un lado las actividades de destrucción, deforestación y deterioro de la vida silvestre.












