"El Presidente Felipe Calderón esta vez no sorprendió, como cuando se apareció cual David Cooperfield en la tribuna de San Lázaro el viernes pasado. Ayer con el presupuesto que envió a la Cámara de Diputados refrendó simplemente compromisos asumidos: atender la seguridad pública, combatir la pobreza y fomentar la creación de empleos. Aunque en los detalles del documento se revelan sus prioridades respecto a los tres ejes.
Para empezar, las expectativas del gasto fueron moderadas porque se anticipa que el ano 2007 verá decrecer la economía de nuestro principal socio: Estados Unidos, y el valor del petróleo, el todavía principal producto del que dependen en buena medida los ingresos públicos.
A reserva de que haya ajustes propuestos por los legisladores, el precio que el Ejecutivo calcula en el Presupuesto a debatir es de 42.5 dólares por barril, en lugar de los 56.2 de este ano.
En un país con tantas urgencias nacionales como lamentablemente tiene el nuestro, cualquier presupuesto se antojaría insuficiente, peor todavía si de partida 90% está comprometido por el pago de ineludibles, como son la deuda, sueldos y el tic-tac de las pensiones.
La Secretaría de Hacienda planea aumentar el gravamen a cigarros y refrescos, así como reducir el valor deducible de los automóviles de lujo, y la deducción de restaurantes, entre otras medidas; ahí se hará de algunos miles de millones el fisco, que se sumarán al ya anunciado decreto de austeridad gubernamental, pero eso sólo pospone, no resuelve, la necesidad de mejorar la recaudación e impulsar un nuevo pacto fiscal en toda forma.
Mientras llega, en la jerarquía del aumento a repartir de lo poco disponible se dejan ver las prioridades. El crecimiento del presupuesto de Seguridad Pública, Sedena y Marina es de 11 mil 300 millones de pesos, mientras que el segundo gran rubro, relacionado con atención a la pobreza, es el de salud, al que se propone destinar 10 mil 700 millones de pesos.
El gasto previsto para todas las demás dependencias es estático o incluso decrece.
Ante el descontrol y el incremento de la delincuencia en toda la República, no es una mala idea invertir en su combate, pero en todo caso revela una visión reduccionista frente a un problema multifactorial, pues se privilegia el gasto en policías, cascos, balas, vehículos, y otros ""juguetes de guerra"", cuando para combatir el fenómeno se tiene que considerar igualmente el funcionamiento del aparato de justicia en su conjunto.
Más aún, no podemos limitar a un asunto de crimen y castigo; el combate a la violencia también necesita inversión en educación, creación de empleos, sustitución de cosechas y mejorar la infraestructura urbana, entre otras.
?Cuántos asesinatos en Ciudad Juárez contra las obreras de las plantas maquiladoras se hubieran evitado con un buen servicio de alumbrado público!
No es posible, pues, echar las campanas a vuelo. El gobierno manejó con cautela éste, su primer presupuesto, pero si no sienta las bases para ser más audaz, terminará sólo administrando la pobreza en lugar de aportar las condiciones para la prosperidad de quienes invierten y trabajan en México. (El Universal)
"











