"Mario Campos * El Universal. Hace algunos anos colaboraba con una organización política social que en sus demandas en la República Mexicana siempre apuntaba al Secretario de Gobierno, al encargado de Finanzas o cualquier otro funcionario de segundo nivel, nunca al Gobernador. Les pregunté por qué: ""Para que siempre exista una salida y el Gobernador pueda sacrificar a un funcionario, y así quede como quien resolvió la situación. No se trata de acorralarlo sino de permitirle una salida en la que nosotros ganemos y él pueda dar la cara sin asumir una derrota.""
La reflexión viene a cuento por lo que pasa en materia de seguridad. La presencia del Ejército y de las fuerzas federales de seguridad es impactante en buena parte del país; sin embargo, no se percibe como una estrategia efectiva para hacer más tranquila la vida de la comunidad.
El punto preocupa, primero porque buena parte de la imagen de la actual administración recae sobre un solo tema: el combate al narcotráfico. Peor aún, porque al plantear el asunto, el encuadre dominante es el de una guerra, que como tal remite a Ejército, soldados, enfrentamientos, capturados, heridos y muertos. Un esquema que no privilegia otro tipo de componentes -insisto, al menos en el discurso- como el trabajo social.
Y el problema es que así el gobierno se acorrala a sí mismo. zQué pasa si la estrategia, que tiene como imagen representativa la de los militares en las calles, no funciona? zQué salida tiene el propio gobierno? La retirada sin victoria -por plantearlo en su mismo marco de referencia- no es una opción. No hay manera de que el gobierno dé marcha atrás. No sin asumir que el crimen ganó, lo cual no es aceptable desde ninguna perspectiva, ni del gobierno en turno ni del Estado mexicano que está imposibilitado para reconocer que hay una fuerza por encima de su capacidad de poner orden.
zCuál es entonces el Plan B? Primero habría que redefinir la estrategia y por tanto el discurso a la hora de abordar el problema. Ello implica poner el acento en otros componentes al enfrentar al narco: lavado de dinero, combate a las adicciones y atención con programas sociales a las comunidades de las que se alimentan estos grupos. El gobierno necesita construir un nuevo relato, uno que pase por la recuperación de espacios públicos a través de la participación social, por la defensa de todas las libertades, por reforzar los lazos con la sociedad. Acciones que tal vez se estén impulsando a través de diversos programas pero que no son el centro de la estrategia de comunicación.
Por otro lado, al gobierno le urge impulsar otros ejes en su relación con la población. La economía, es evidente, no es un campo propicio para reivindicar historias de éxito pero hay otras ramas que se podrían explotar. Por ejemplo, aprovechar el momento para impulsar un rediseno de la administración pública; empujar acciones de combate a la corrupción, rendición de cuentas y transparencia; refrescar la política social, atender reformas económicas. Las opciones son tan amplias como problemas tiene el país y exista la capacidad de los funcionarios para plantear soluciones. Lo fundamental es diversificar la agenda del gobierno para los próximos tres anos en temas viables para la administración (de preferencia sin pasar por el Congreso) y relevantes para la sociedad. Así, con más temas sobre la mesa disminuirá la presión que el propio gobierno ha incrementado al poner al combate al narco como el gran referente a la hora de valorar su gestión. No se trata de abandonar el tema sino de reorientar la agenda.
Se dice de manera reiterada que el Presidente podría hacer cambios en su equipo en las próximas semanas. Tal vez sea momento también de revisar la estrategia para abrir campo al Plan B, y si se puede, hasta el C y el D.
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