El plan

Eran nueve las regiones económicas en nuestro estado: Centro, Altos, Fronteriza, Frailesca, Norte, Selva, Sierra, Soconusco y Istmo-Costa, pero por veleidades, a partir de enero del 2011, según reforma publicada en mayo del mismo año se ampliaron a 15 con diferente denominación: Región I Metropolitana, II Valles Zoque, III Mezcalapa, IV De los Llanos, V Altos Tsotsil-Tseltal, VI Frailesca, VII De los Bosques, VIII Norte, IX Istmo-Costa, X Soconusco, XI Sierra Mariscal, XII Selva Lacandona, XIII Maya, XIV Tulijá Tseltal Chol y XV Meseta Comiteca Tojolabal -con yerros en las delimitaciones étnicas- sin embargo, los desequilibrios y la inequidad entre las nueve o las quince persisten y se evidencian en un solo dato: dos de esas zonas, I y X, acumulan o concentran el 60 por ciento del Producto Interno Bruto de la entidad, correspondiendo el restante a las demás.

Estas disparidades continúan y se han prolongado por años, lo que muestra la necesidad de una planeación seria que busque mayor homogeneidad en la economía de Chiapas con el propósito de prevenir desde ahora, problemas graves en el futuro.

Afortunadamente, el gobierno entrante ha venido trabajando en un plan en el que, según se ha dado a conocer, participan universidades e institutos de estudios superiores, los cuales seguramente contemplarán este fenómeno y otros muchos.

Chiapas aporta el 1.9 por ciento al Producto Interno Bruto de México, de acuerdo con el INEGI, lo que es significativo frente al colero 0.5 de Colima y el puntero 17.7 del Distrito Federal. Esto habla del enorme esfuerzo de nuestra gente. No obstante, una tercera parte de su población vive en pobreza extrema, el nivel más alto de todas las entidades, según medición del Coneval, y además, el 82.4 por ciento enfrenta carencias por falta de acceso a la seguridad social. Ésta es la realidad que hereda la administración anterior al gobierno entrante, entre otras particularidades como el endeudamiento que oscilaría en los 40 mil millones de pesos.

Ante este panorama, el nuevo plan de desarrollo implicará un proceso de análisis para conocer el alcance de las acciones del pasado y su impacto. Habrá que estudiar el resultado obtenido de manera particular en cada una de las áreas de gobierno para determinar qué debe continuar y qué no. Si hubo acciones de éxito, identificar resultados; en las que fracasaron, ubicar razones y responsables, para un imprescindible deslinde.

Se prevé que el nuevo plan de gobierno contenga directrices que lleven a responder estas preguntas para llegar a un claro diagnóstico del estado actual de las cosas. Eso llevará a saber qué acciones deben continuar, corregir o suspender.

También se podría suponer que una vez que los proyectos estén identificados y respaldados por los destinatarios, es decir, los sectores en que aterrizarán, habrá que determinar las prioridades no sólo de la economía local, sino en general, lo social, obra pública, salud, seguridad, justicia, educación, etcétera.

No sólo los medios de comunicación, también la sociedad chiapaneca tiene interés en conocer el plan sobre el cual se ha venido trabajando y que trazará el camino en los próximos seis años.