El PRI y sus procedimientos

Es innegable la importancia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la vida política de México. A pesar de haber perdido la Presidencia de la República en el ano 2000, aún es una organización de amplia base popular, con mayoría relativa en ambas cámaras del Congreso de la Unión, que gobierna 16 entidades de la Federación y aglutina numerosas organizaciones populares, campesinas y obreras. Su presencia en el sistema de partidos es vital en el espectro ideológico del país.

Es por ello preocupante la forma tan nebulosa con que se ha manejado la sucesión de Roberto Madrazo al frente del partido, porque además de reflejar la ausencia de consulta a la base militante en un proceso que es de su competencia, también exhibe un viejo estilo de hacer política, basado en componendas, en cuotas de poder y en personas más que en proyectos políticos; mucho de lo cual contribuyó a distanciarlo de la preferencia electoral.

Hoy los tiempos han cambiado. Las negociaciones políticas, así sean internas y del más doméstico interés de los partidos, ya son inevitablemente públicas, de cara a la nación, pues pasan por el escrutinio social. Ya no es posible ocultar pertenencias a grupos o arreglos discrecionales al margen de estatutos o lineamientos. Hay instancias autónomas, como el Instituto Federal Electoral y aun el Tribunal Electoral de la Federación, encargadas de hacer valer derechos y obligaciones de las militancias y dirigencias partidistas. Los medios de comunicación son omnipresentes y difícilmente dejan escapar acuerdos cupulares otrora secretos; presentan todas las versiones y hasta los más sonoros reclamos personales, como los que están ocurriendo en el PRI.

El país está presenciando en el Revolucionario Institucional un pleito de camarillas y no una justa democrática. Es tiempo de que todos los actores priístas asuman su responsabilidad real en los actuales tiempos políticos, al margen de cualquier interés personal. Hoy, la lucha política es percibida por la sociedad como un duelo de ambiciones personalistas, con muy bajo nivel ideológico, sin respeto por su propia legalidad interna y muy sobrada descalificación del adversario.

Este ominoso mensaje que está enviando el priísmo a la nación no le conviene ni a este instituto político ni a los electores del país. Esto es así, porque independientemente del nuevo presidente nacional del CEN del PRI, en este momento lo que importa es el procedimiento que se ha seguido, y este, como se ha dicho, ha dejado mucho que desear. Un nombramiento viciado de origen sólo despertará dudas sobre la legitimidad de quien resulte candidato a la Presidencia del país por ese partido, lo que le danará irremediablemente en las urnas el próximo ano.

Es importante contar con un PRI democrático y unido, no sólo en el discurso, sino en los hechos.

México ha luchado en las últimas décadas por depurar sus órganos electorales y democratizar a los partidos. Si una organización partidista, de tanta influencia nacional como es el PRI, está empenada en dar pasos hacia atrás en la forma de hacer política, sólo estará desfasándose más en la historia y pretenderá vender democracia, cuando en realidad actúa al viejo estilo, ese que todos queremos olvidar.

La sociedad está pendiente de cómo se resolverá la crisis en el PRI, pues de la manera en que lo haga se desprenderá la forma en que la cúpula del partido concibe sus procedimientos y la importancia que se le otorga a todos los priístas del país en la toma de decisiones en su organización política.

Más vale que los priístas reflexionen respecto de sus procedimientos internos, pues éstos, para bien o para mal, serán tomados en cuenta no sólo en las urnas, sino en la respetabilidad que adquirirán con ello.

(El Universal)