El profesor Sartori

"Francisco Valdés Ugalde * Universal. En su meritoria obra académica, Giovanni Sartori nos ha ilustrado sobre la naturaleza y forma de los partidos políticos, sobre la democracia antigua y moderna, sobre los métodos de la ciencia política, sobre los perniciosos efectos de la televisión, sobre el multiculturalismo y, recientemente, sobre las malas constituciones (Mala costituzione e altri malanni, Laterza, 2006). En su visita a México EL UNIVERSAL ofreció una espléndida cobertura de sus opiniones y del merecido doctorado Honoris Causa que le otorgó la Universidad Nacional.

Desde hace más de una década, Sartori tuvo la visión de que las transiciones democráticas exigirían la elaboración de nuevas constituciones. De ahí la atención que prestó y sigue prestando a los procesos de reformas constitucionales que tienen lugar en democracias jóvenes, particularmente en América Latina.

En un texto que no ha perdido actualidad (Ingeniería constitucional comparada, FCE, 2001), observó con particular detenimiento la ineficacia de los sistemas presidenciales en Latinoamérica y propuso un ""presidencialismo alternativo"". Éste tendría la virtud de superar los defectos del presidencialismo y el parlamentarismo. La receta partía de que el sistema básico debiera ser el parlamentario, es decir, un método de formación del gobierno con base en la Legislatura, como el espanol. Dicho sistema contaría con una presidencia que, en el momento en que la fórmula parlamentaria degenerase por una excesiva fragmentación o por empates reiterados, entraría en funciones una presidencia con poderes ejecutivos para ""ordenar"" el panorama y dar viabilidad a la gobernanza democrática. Luego de este ejercicio y una vez superado el impasse podría volverse al gobierno parlamentario.

Independientemente de la viabilidad de la propuesta, Sartori había captado bien el meollo de la dificultad: América Latina cuenta con sistemas presidenciales incapaces de gobernar sus heterogéneas sociedades. Estas producen, una y otra vez, múltiples expresiones políticas que se resisten al encasillamiento en los sistemas presidenciales. No obstante y paradójicamente, cada una de ellas aspira al ""supremo"" poder presidencial para operar, como dioses griegos, cambios súbitos y mágicos de la realidad. El resultado es el de Sísifo, condenado a subir una roca hasta la cima del monte para dejarla caer y volver a empezar.

Esta mezcla de realismo fantástico y heterogeneidad ha sido fuente de confusión para la ciencia política. La realidad se resiste al encasillamiento y el politólogo, sobre todo si es ""ingeniero constitucional"", trata de encontrar preceptos para que esa realidad se conduzca con orden y concierto.

En un esfuerzo de pragmatismo, acaso alentado por sus interlocutores mexicanos, Sartori escribió un posfacio a su Ingeniería constitucional sobre qué hacer en México. En él desaparece el ""presidencialismo alternativo"" y se limita a pensar en la democratización del sistema presidencial a partir de tres medidas: la segunda ronda en la elección del Congreso para concentrar el pluralismo, reelección legislativa y el acondicionamiento del poder presidencial para destrabar los bloqueos parlamentarios.

Cada una de estas medidas tiene fundamento en una premisa: restaurar la Constitución de 1917 con algunas modificaciones. La idea no carece de sentido. La Constitución de 1917 fracasó porque no tenía los actores políticos adecuados para sostenerla; había demasiados generales fuertes y muy pocos demócratas. En su lugar, el Estado mexicano se refundó para abrir paso al presidencialismo de partido hegemónico. Hoy en día, en cambio, tenemos los actores democráticos pero carecemos de las estructuras adecuadas para el buen gobierno, por tanto, se requiere una nueva refundación.

La pregunta es si esa nave llamada Constitución de 1917 es adecuada para transportar al país de hoy en la forja de su destino político. La respuesta más sensata es que no, que el sistema de gobierno descrito por la Carta del 17 es, en muchos aspectos, inspiradora de lo que habría que hacer, pero carece de un componente fundamental que es el mecanismo para traducir en gobierno y decisiones de política pública la pluralidad política.

Si la realidad prefigura la inexistencia de mayorías parlamentarias durables y estables, es necesario agregar un componente adicional al razonamiento de Sartori: hacer mixto el sistema presidencial. Hay que retomar la idea de que el gobierno debe ser una traducción política sólida de la composición ideológica de la sociedad. Y ésta no podría ser más heterogénea. No obstante, para conjurar la dispersión, el mecanismo alternativo es la instauración del gobierno de gabinete. Es decir, una fórmula de integración del gobierno que incorpore a varios partidos a través de acuerdos y coaliciones y allane el futuro hacia la forma parlamentaria.

A veces los ingenieros, concentrados como están en la estructura del edificio, olvidan el propósito de la edificación. En nuestro caso éste no puede ser otro que la reconciliación nacional. En su centro no está sólo un factor partidario, sino la reducción de la insultante desigualdad social como motivación política fundamental. En esta dirección, un sistema mixto, de inspiración parlamentaria, es el mejor método para mantener la libertad propiciando la igualdad. La experiencia es elocuente al respecto: si bajo la forma presidencial se impone la aspiración a la igualdad nos vamos al autoritarismo, mientras que si con ella misma se impone la libertad se perpetúa la desigualdad. zNo es hora ya de salir de este predicamento histórico?



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+Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

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