"El presidente de México, Vicente Fox Quesada, entregó ayer su quinto informe al Congreso de la Unión sobre el estado que guarda la administración pública de México.
A lo largo de su mensaje político, el Ejecutivo hizo suponer un lenguaje cordial al que subyacía, no obstante, una serie de reclamos a los legisladores por los muros que impiden el paso y los puentes que se han roto; muy concretamente se refirió al retraso de las reformas que ha enviado para su aprobación. Subrayó en particular la reforma hacendaria que, dijo, busca garantizar una mejor vida a los mexicanos, así como la relativa a la seguridad pública.
En el imperativo constitucional de que el Presidente rinda un informe anual de gobierno yace el ánimo republicano del equilibrio de poderes y de someter a la revisión de la soberanía popular asentada en el Congreso los actos del Ejecutivo.
Naturalmente, a lo largo de la lectura de su mensaje político, el Ejecutivo fue interrumpido no sólo por el aplauso de los integrantes del Partido Acción Nacional, sino también por los reclamos de sus opositores políticos. Nada nuevo para él, quien utilizó este mismo recurso cuando fue legislador federal.
Con todo, durante su mensaje predominó la idea y el ideal de democracia. Con su frecuente alusión a ella intentaba sentar la base de lo que en su opinión han sido las virtudes de su gobierno, tales como la transparencia informativa, la rendición de cuentas, la descentralización del poder, el apoyo a la vivienda, los programas de salud y su contribución al proceso electoral de 2006 para el cual garantizó el apoyo de su gobierno a las autoridades electorales, a fin de llevar a cabo unas elecciones libres, con apertura, en concordia, civilizada y con respeto al voto.
Era esperado que el presidente de México hiciera un recuento de los logros que considera que ha alcanzado durante el ano que transcurrió y del cual informa; no obstante también quedó en el aire la sensación de que no hubo matices de autocrítica, lo cual negó fortaleza a lo que pudo ser un mensaje no sólo al Congreso de la Unión, sino a todos los ciudadanos mexicanos ahí representados y que aspiraban a escuchar el reconocimiento de errores para, asimismo, escuchar el cauce que se les habrá de dar para su solución; en particular en lo referente a temas como el del desempleo, la pobreza, la distribución de la riqueza, la justicia, la inseguridad, la impunidad y de muchas otras interrogantes que quedaron sin respuesta.
Como si quisiera salir del paso, el mensaje político del Presidente mexicano no quiso entrar en mayores compromisos o enfrentamientos; apenas lo suficiente para dar por terminado un ritual que, ciertamente, debe ser revisado en su forma, sin mengua de su contenido.
Esto es así porque el informe presidencial es un hecho crucial en nuestro sistema. Obliga al mandatario a decir qué ha pasado y qué está pasando; en qué fallamos y en qué vamos bien; cuáles son nuestros retos y nuestras fuerzas, nuestros logros y nuestras debilidades, dónde poner el acento. Por tanto, si la forma ya no es operante, procede estudiar la manera de renovarla, pues un informe autocomplaciente y halagador no sirve. Un informe furiosamente autocrítico es imposible. Entre los dos extremos hay una infinita variedad de materia que requiere, si no luz, al menos una exposición racional del punto de vista del Ejecutivo sobre cada asunto.
En todo caso, el informe ya fue entregado al Congreso, el cual deberá analizarlo y expresar su opinión detallada. Con todo, algo de lo sobresaliente de su mensaje político radica en las palabras del presidente Fox al subrayar que todos, hoy, aquí, somos sujetos de la historia y ella, dijo, ""es implacable"". Cierto, lo será con él y con cada uno de nosotros. (El Universal)
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