El retraso de la visita de Estado

Durante más de tres años, Calderón evitó hacer una visita formal al Ejecutivo de EU. Ni en los dos últimos años de Bush, ni al inicio de la administración Obama. Hoy la historia es otra. Es ahora que termina la primera visita de Estado del Presidente mexicano a Washington. Llama la atención la falta de prioridad que para Calderón significaba la reunión de primer nivel. Se puede pensar que confiaba en la continuidad de la relación bilateral por parte de la Cancillería, de la Subsecretaría para América del Norte y, en particular, del embajador de México en Washington.

Confiaba también en los encuentros informales o multilaterales en los que se había acercado a Obama. Los diálogos que hasta ahora se dieron, fueron siempre en el marco de otras reuniones internacionales. Uno puede concluir que para Calderón, la relación con EU no estaba en la cúspide de su agenda con el exterior.

La relación con nuestro vecino del norte ha sido siempre pieza clave de la política exterior de México. La frontera ha definido, en mucho, el devenir de México en el mundo. A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, la relación bilateral con EU, si bien ha sido de cooperación o de conflicto, siempre ha tenido un peso en las decisiones para el desarrollo mexicano. Para la actual administración mexicana la historia parecía distinta. Los encuentros bilaterales no se habían dado en reuniones de primer nivel. Sin duda son importantes los encuentros entre los secretarios y subsecretarios de ambos países y las visitas de funcionarios de EU a nuestro país. No obstante, la historia de la relación México-EU explica la importancia de las visitas de Estado. La visita de Calderón a Washington era necesaria. Con el ánimo de profundizar los resultados de la relación bilateral, una visita formal, de presidente a presidente, se requería desde el inicio del sexenio. Hoy, tenemos resultados: así como la agenda bilateral se centró hasta hoy en el tema de seguridad, narco, tráfico de armas y crimen organizado, hubo cuatro acuerdos concretos: desmantelar la capacidad de las organizaciones criminales, debilitando sus capacidades operativas, logísticas y financieras; robustecimiento institucional de las dependencias responsables de combatir al crimen organizado; desarrollar una frontera segura; y construir comunidades fuertes con mayor cohesión social. Muchos son los otros temas de interés entre ambos países. Sin duda entre los fundamentales se encuentran los de migración y comercio pero otros como energía, cambio climático, competitividad y salud, no se quedan atrás.

La presencia del Ejecutivo mexicano en el Congreso de EU, además de las pláticas con Obama, ofrecen a México un espacio en el que la percepción del país va más allá de los encabezados de prensa de EU: No todo es Seguridad. Abren una puerta para plantear los temas de interés común en los que el gobierno actual ha trabajado desde 2006. Así, valdrá la pena conocer ahora, la forma en que hagamos un fuerte cabildeo no sólo con los demócratas. Hoy la relación con éstos es un tanto más amable que con los republicanos. Lo anterior se sintió en la forma como aplaudieron las diferentes propuestas de Calderón en esta visita. Por el contrario, con su silencio, los republicanos dejaron ver su descontento. Es entonces con los últimos con los que tenemos que trabajar más, sin descuidar, claro está, lo alcanzado con el partido del presidente Obama.

Así, si el Presidente no cuenta con los votos para la reforma migratoria, ya que carece del apoyo de los republicanos, el gobierno mexicano puede iniciar con ellos una relación distinta.

Lo propio sucederá en el tema de la reforma energética. En la medida en que nos acerquemos estratégicamente a ambos partidos, al Demócrata y al Republicano, los intereses de México serán conocidos y aprobados. La tarea, aunque urgente, no es nada fácil. El ejercicio de la política exterior no debe limitarse a los parámetros tradicionales, si el Congreso de EU ofrece el lobbing como herramienta política, usémosla. Lo hemos hecho antes y fuertemente. En una primera instancia durante el sexenio de Miguel de la Madrid, para cambiar la imagen de México en el exterior y sobre todo, con Carlos Salinas, al momento de la negociación del NAFTA. Hoy, más que nunca, requerimos un cabildeo mucho más planeado. Necesitamos lobbistas que jueguen a favor de México. La dirección debe de encabezarla Calderón.