El rostro vivo del trabajo infantil

El rostro vivo del trabajo infantil

El trabajo infantil en Chiapas no ha cesado; por el contrario, calles y cruceros tan sólo de Tuxtla Gutiérrez se encuentran infestadas de niños y niñas cuyas edades oscilan desde los tres a los 17 años. Es una infancia explotada, el rostro vivo del trabajo infantil.

A pesar de que mucho se ha dicho sobre la implementación de mejores políticas públicas para erradicar este cáncer social, poco o nada se ha avanzado ya que miles de infantes en toda la entidad continúan realizando alguna actividad o trabajo que le genera ingresos económicos.

Una de ellas, es trabajar en la calle limpiando parabrisas, desarrollando malabares, disfrazados, pintados de payasitos o vendiendo paletas u otros accesorios, con la finalidad de juntar un poco de dinero y dárselo a sus padres que en algunos casos se vuelven sus propios explotadores.

En Chiapas, uno de los estados más pobres del país, la situación sigue latente y diariamente se puede observar a decenas de infantes “aventándose” a los carros para limpiar los cristales, “toreando” unidades privadas y de colectivo para poder vender sus productos, que van desde chicles y cigarros hasta mercancía de temporada o boleando zapatos, casi todo el día bajo un incesante e inclemente calor.

Desde muy temprano, Miguel y Luis Gerardo, originarios de Chenalhó realizan malabares cada que el rojo del semáforo marca el alto, tienen por lo menos un minuto para “caer” en gracia de los automovilistas y les donen una moneda. Lo recaudado tiene como destino final el bolsillo de sus explotadores. Sin embargo, uno de ellos dice que le gusta trabajar y no ve necesario ir a la escuela.

A través de una denuncia anónima, se reveló que en la calle de la 1a sur a la altura de la 11 poniente, dos padres de familia explotan a su pequeña hija, le quitan el dinero del día para que su papá pueda tomar su “santo trago”. Ante los ojos de los ciudadanos la explotación infantil se vive a plena luz del día y ante los ojos de las autoridades.

En contraparte, doña Sandra, originaria de Soyaló relató que emigró a la capital orillada por la pobreza y por sufrir violencia doméstica por parte de su pareja. Ahora vende paletas de leche en el crucero ubicado sobre la cabeza maya, al Poniente de la ciudad.

Todos los días hasta altas horas de la noche esquiva carros, para poder vender sus dulces que le generan al día alrededor de 200 pesos que le sirven para subsistir a diario; comer junto al pequeño Mario de un año aproximadamente y Marco Antonio de 3, sus dos hijos.

Cabe destacar que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés), expresa que “no sólo es necesario crear las políticas públicas encaminadas a fortalecer este sector sino que es mucho más importante gestionar los recursos necesarios para poder combatir de manera frontal este problema lacerante”.

Según datos oficiales del  Módulo de Trabajo Infantil, anexo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) que manejan en conjunto con el INEGI, hasta el 2011 se tiene registro de que  en la entidad chiapaneca trabajaban 191 mil niños y niñas. No existen datos actualizados, sin embargo, el trabajo y explotación infantil persiste en Chiapas, uno de los estados que sigue siendo de los más pobres del país.