Va el Senado de la República a celebrar este 21 de marzo el segundo centenario del natalicio de don Benito Juárez, decidido defensor de la soberanía del Estado, obsequiando servilmente al oligopolio televisivo con las enmiendas a la Ley Federal de Radio y Televisión dictadas por este mismo?
Eso parece. Los senadores fueron convocados a una sesión manana con el exclusivo o principal objeto de aprobar un proyecto de reformas de las leyes federales de radio y televisión, y de telecomunicaciones, que resulta inaceptable porque es contrario a los más altos intereses de la nación, de acuerdo con especialistas en medios y con diversos representantes y activistas sociales que conocen de la materia.
Desde que esas pretendidas leyes fueron sancionadas con sospechosa celeridad por la Cámara de Diputados, el pasado 1 de diciembre, desataron una ola de protestas de la sociedad, profundamente preocupada porque significaba una entrega casi total del sector al oligopolio de los medios electrónicos de comunicación.
Si así ocurre, a la irresponsable sumisión del Poder Legislativo ante la fuerza de las televisoras, el Senado estaría anadiendo la insolencia. Hace 150 anos, aproximadamente, Juárez impuso la potestad del Estado sobre los grupos más poderosos del país, la Iglesia incluida, lo que permitió sentar las bases de una nación moderna regida por una soberanía innegable y reconocida.
Manana, los senadores estarían bajando la cerviz ante una nueva soberanía: la del oligopolio de la televisión privada.
Pero de acuerdo con una información exclusiva de EL UNIVERSAL, senadores del grupo parlamentario del PRI se oponen a semejante despojo y alertan sobre tal riesgo, al anotar los vacíos deliberados de la ley, las evasivas reguladoras y las serias objeciones públicamente expuestas por la Comisión Federal de Competencia, la Comisión Federal de Telecomunicaciones y el Instituto Federal Electoral, además de las impugnaciones bien fundamentadas de otros líderes sociales.
Lo menos que podemos hacer, dijo el senador Manuel Bartlett -autor del documento entregado a todos lo senadores de su grupo-, es una evaluación objetiva y profunda de la reforma, que tendrá resonancias históricas. En efecto, esta Legislatura se está jugando su calificación total en una sola sesión.
No es posible acomodar las leyes para fortalecer a ningún grupo sin demandarle nada en favor de la nación, que es la que tiene el dominio sobre las ondas electromagnéticas.
El avance tecnológico redundaría así en beneficio directo y exclusivo de los grandes concesionarios, que recibirán más frecuencias por el solo medio de la liberación, y que accederán a otros servicios de telecomunicaciones, graciosamente.
Con esas leyes aprobadas por los diputados y ratificadas por los senadores, estaríamos a un paso de suprimir totalmente las regulaciones, que, según se plantean en las enmiendas, más que regular garantizan el predominio de unos concesionarios sobre la mayoría y cierran el paso a nuevas formas del manejo de los medios, sin que se les exija siquiera que suban el nivel de calidad a la mayoría de la programación.
Muchos líderes políticos han visto en los medios electrónicos sólo un instrumento de propaganda y de negocios, con menosprecio de su potencialidad de servicio social, de interés público. Pero tienen que tomar conciencia de que México demanda más y mejores canales de vinculación nacional, de reanimación cultural y de difusión educativa. (El Universal)











