El sistema milpa es un ejemplo de un sistema eficiente de cultivos mixtos, el cual tiende a ser más productivo y eficiente en el uso de luz, nutrientes y agua que los sistemas de monocultivo, dada su dinámica interna de complementariedad, competencia y facilitación.
Así lo manifiesta un estudio hecho por el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt) y de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), que resalta que en México y otros países de Latinoamérica, el maíz además de ser un alimento fundamental, forma parte de su cultura.
En la actualidad el maíz es uno de los cultivos más importantes del mundo. Por lo general, su uso a nivel global es para la alimentación animal, pero en México es la principal fuente de alimentación de la población, al grado que existen 700 formas de comerlo.
Refieren que en condiciones específicas la milpa de maíz-frijol-calabaza puede ser entre 60 y 90 por ciento más productiva que un monocultivo de maíz.
En los sistemas de milpa que produjeron identificaron otros nutrientes esenciales, de manera que las asociaciones maíz-frijol-haba, maíz-papa y maíz-frijol-papa proporcionaron la mayor cantidad de carbohidratos, proteínas, zinc, hierro, calcio, potasio, ácido fólico, tiamina, riboflavina, vitamina B6, niacina y vitamina C.
La milpa surgió en Mesoamérica y por diversos procesos históricos y socioeconómicos, en los países que comprendía esta antigua zona cultural (gran parte de México y hasta Costa Rica), se ha ido perdiendo para dar paso a los monocultivos.
Algo que históricamente influyó para esta situación es que durante el proceso de dispersión del maíz en el mundo, éste no fue acompañado en todos los casos por una tecnología clave para su consumo por los humanos: la nixtamalización.
Para contrarrestar esta situación, actualmente diversas organizaciones y gobiernos impulsan la revitalización de la milpa debido a que este sistema es, potencialmente, una de las mejores vías para lograr la seguridad alimentaria y nutricional en la región.
Chiapas destacó como uno de los estados con más hectáreas dedicadas a su siembra, para el ciclo otoño-invierno de 2019, a pesar de que disminuyó un 2.2 por ciento en comparación a la superficie sembrada en 2018, informó la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader).
Al realizar un comparativo, en 2011 se registró una producción de un millón 554 mil 368 toneladas, de una superficie sembrada de 711 mil 199 hectáreas, esto alcanzó un valor de 6 millones 225 mil 190 pesos.
Para el 2019, de acuerdo a los datos del SIAP, el estado alcanzó una producción de un millón 255 mil 420 toneladas, de una superficie de siembra de 689 mil 167 hectáreas, lo que tuvo un valor económico de 4 millones 786 mil 743 pesos.












