Un enfrentamiento entre el Ejército Zapatista del Liberación Nacional (EZLN) y el Ejército Mexicano le marcó la vida a Juan Pantoja, quien perdió la pierna izquierda en 1994 en los Altos de Chiapas, esto cuando en su calidad de paramédico de la Cruz Roja Mexicana se disponía a auxiliar a los heridos.
Grupos armados
A sus 20 años pertenecía a la benemérita institución y se había integrado a un equipo de futbol en su natal San Cristóbal de Las Casas, incluso se preparaba para su primera temporada de juego; sin embargo, aquel 1 de enero de 1994, un grupo armado había tomado por asalto la ciudad del Valle de Jovel y estallado la guerrilla.
En su calidad de socorrista hacía un recorrido y se sentía asombrado por las pintas con que había amanecido la ciudad, con mensajes de agradecimiento al EZLN.
Cerca del mediodía del 2 de enero, una llamada de auxilio le informó que debía trasladarse a Rancho Nuevo, a unos kilómetros de San Cristóbal de Las Casas.
En el camino la ambulancia sería alcanzada por otra unidad de apoyo que viajaba desde Tuxtla Gutiérrez.
Acostumbrado a acudir a las urgencias, Juan se colocó en la parte del centro de la ambulancia y uno más de sus compañeros a la orilla de la misma.
A Armando Servín, delegado de la Cruz Roja en San Cristóbal y conductor de la ambulancia en ese instante, le indicaron en un retén que debía retroceder, puesto que no había condiciones propicias para auxiliar a los heridos.
Con el conocimiento de que la Cruz Roja es reconocida como un “Ejército de Paz” en los conflictos bélicos, los socorristas asumieron que ante todo estaba su integridad y por lo tanto viraron para regresar.
Apenas daban vuelta cuando Juan Pantoja escuchó el sobrevuelo de un helicóptero del Ejército Mexicano.
Casi al mismo tiempo escuchó disparos, por lo que se puso de pie e intentó bajar de la unidad para poder resguardarse a nivel de piso.
Fue entonces cuando sintió un dolor en la pierna derecha y no sentía la izquierda.
El conductor arrancó la camioneta aún con las puertas abiertas y sus compañeros a bordo.
Sin más se dirigieron al Hospital Regional de San Cristóbal, donde les indicaron que no atendían a ningún herido vinculado a la guerrilla.
Con la vida en riesgo y severa pérdida de sangre, Juan Pantoja fue ingresado a una clínica privada en donde sufrió dos infartos y perdió la conciencia.
Cuando volvió en sí ya se encontraba en el hospital de la Cruz Roja de Tuxtla Gutiérrez, donde a pesar de los esfuerzos y para salvarle la vida le tuvieron que amputar la pierna izquierda.
Lo que siguió fue su traslado al hospital de la Cruz Roja en la Ciudad de México, donde fue sometido a una serie de 27 cirugías.
Entre las operaciones y su recuperación, la benemérita institución lo nombró “comandante vitalicio”, para después volver a su ciudad natal donde se integró a la Cruz Roja Internacional, por lo que debido a la normatividad interna se retiró de la delegación local.
Después fue invitado a formar parte de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), lugar donde laboró desde 2001, no obstante, fue despedido hace dos años, por lo que aún espera que su situación laboral se resuelva.
Asegura que su discapacidad le originó una severa depresión que trastocó a su familia, de tal modo que quedó solo en el peor momento de su vida.
El comandante Pantoja, el último de ocho hermanos, es padre de una menor invidente y un pequeño más de ocho años de edad, pero ahora vive solo.
Hoy, a más de 25 años de aquella tragedia, vive de la ayuda de su mamá.
Y recientemente fue integrado a un programa federal de apoyo a personas con discapacidad.
Se integró al deporte
Para procurar salir adelante, el comandante vitalicio con grado meritorio se ha integrado a un equipo de basquetbol sobre silla de ruedas, y su sueño de jugar futbol se ha quedado en el olvido.
Sólo espera poder volver a su empleo en la CNDH y que la Cruz Roja le reconozca el cargo de comandante vitalicio que le otorgó tras perder la pierna izquierda en el servicio de sus funciones, accidente ocasionado por el Ejército Mexicano a quien acusa de manera directa de ser responsable del ataque.












