El sonido del organillo aún armoniza avenidas de Tuxtla

El sonido del organillo aún armoniza avenidas de Tuxtla

Uno de los sonidos más conocidos y que adorna las avenidas principales de Tuxtla Gutiérrez, es del organillero Jesús Alberto Esparza Sánchez, el cual lleva 16 años dedicándose a este oficio.

Nació en la Ciudad de México, pero al dedicarse a este oficio decidió mudarse a a Chiapas para poder compartir esta tradición y poder generar más recursos, ya que no existía un organillero en este estado.

Mencionó que la tradición de los organilleros lleva más de cien años, los cuales musicalizan diariamente los paseos de generaciones que gozan remontarse a su pasado escuchando melodías populares.

“Anteriormente era una tradición solo de la Ciudad de México, ahora somos 43 organilleros repartidos en todo el país para compartir la música”, expresó.

Comentó que desde su niñez tuvo contacto con este instrumento musical, ya que su abuelo se dedicó toda su vida a este oficio.

“Mi abuelo me enseñaba a usarlo y me dejaba acompañarlo cuando salía a tocar en las calles, lo que me permitía ganar un poco dinero, gracias a las propinas de las personas”.

Indicó que el organillo se lo dejó de herencia su abuelo cuando él falleció, por lo que decidió continuar con la tradición familiar a la edad de 18 años.

Jesus Alberto Esparza Sánchez trabaja más de ocho horas diarias, donde permanece siempre de pie, por lo que sus sus jornadas laborales suelen ser cansadas y normalmente transcurren varios minutos para que alguien coopere con una moneda. Por lo tanto, es complicado para ellos juntar su día donde normalmente asciende a 150 pesos.

Además añadió que vive solo en Tuxtla Gutiérrez, su esposa e hijos se encuentran en la Ciudad de México, él tuvo que cambiar de residencia para poder obtener el recurso necesario y mantener a su familia, únicamente los ve cada dos meses, cuando junta dinero para poder ir a visitarlos.

Por otro lado, al hacer funcionar su instrumento musical, explicó que el organillo consiste en girar un manubrio, el cual hace mover un cilindro, al mismo tiempo que unos mazos repercuten en unas cuerdas de piano que se sitúan en el interior de un cajón haciéndolas sonar.

“Mi organillo toca 8 canciones, las cuales conozco a la perfección, por los años que llevo dedicándome a esto”, dijo

El uniforme que utiliza para ejercer este oficio tiene tradición desde 1975, año en que se formó la Unión Mexicana de Organilleros, y rinde homenaje al uniforme del ejército de Francisco Villa.

“Consiste en una camisa y pantalón de color café, más un sombrero, con el cual se pide la cooperación”, precisó.

Además, en los inicios de los organilleros se usaba un mono araña para pedir la cooperación mientras el organillo tocaba. Ahora, algunos organilleros traen un mono de peluche con ellos, de forma simbólica, tal es el caso del instrumento de Jesús Alberto Esparza Sánchez.

Actualmente parece que su oficio pasa desapercibido, y aunque se resiste a morir, aún le da vida a las calles de Tuxtla Gutiérrez

“Mientras la gente entienda, valore y apoye esta antigua costumbre que es parte de nuestra historia y cultura, el oficio del organillero tendrá futuro”, aseguró Jesús Alberto Esparza Sánchez.