El sostén de la no intervención

Por si algo nos faltara, a las graves amenazas a la paz social que representa la acción desbordada de nacionales dedicados al narcotráfico se anade la presencia en territorio mexicano de una oficina de reclutamiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, relacionadas en su país con el tráfico de estupefacientes y en Estados Unidos con actividades terroristas.

La revelación fue hecha por el vicepresidente colombiano, Francisco Santos, en una entrevista con El Universal. Conscientes del interés de ese gobierno de aplastar a un adversario que busca instaurar allá un régimen bolivariano de izquierda -cualquier cosa que ello signifique-, debemos sin embargo tomar con seriedad la denuncia e instar a las autoridades mexicanas a informar qué medidas están tomando sobre el particular.

Creadas en 1964, las FARC han derivado de guerrilla a una organización que reconoce buscar financiamiento en el narcotráfico y el secuestro para llevar a cabo sus actividades ideológicas.

Después del 11 de septiembre del 2001, el Departamento de Estado de Estados Unidos la incluyó en la amplia lista de organizaciones con denominación de terroristas. Esto la hace blanco de una acción coordinada internacionalmente para restringir sus alcances.

A pesar de ello, ahora pretende exportar la revolución. Por lo que a México respecta, el principio de no intervención debería aplicarse por doble vía: nosotros no nos metemos en asuntos ajenos y no debería nadie aspirar a tener injerencia en los nuestros.

De acuerdo con el vicepresidente Santos, las FARC subsidian a través de la Coordinadora Continental Bolivariana, capítulo México, a grupos radicales de izquierda, y realiza trabajos de reclutamiento entre jóvenes estudiantes en el DF, Guadalajara, Monterrey y Toluca.

Hay en ello un abuso del clima de libertad y tolerancia que enhorabuena existe en las universidades nacionales y de la autonomía que gozan en su régimen académico.

Una estrategia asaz desorientada, y más propia de los anos 60 que de la actualidad, puede ocasionar problemas.

Parte de la izquierda en el subcontinente ha evolucionado hacia la modernidad con inteligencia y llegado al poder por las vías legítimas. Esa es la que hay que emular.

La agenda de las FARC no es nuestra, y amenaza no sólo a un país amigo, con el que tenemos relaciones bien consolidadas, sino a nosotros mismos, y a Estados Unidos en su doble vertiente de droga y terrorismo.

La convivencia nacional está bastante convulsionada como para permitir que lo que ha denominado en su país de origen como narcoguerrilla venga a enrarecerla.

Tierra de asilo, país de brazos abiertos con una larga tradición de hospitalidad para los perseguidos, de respeto a cualquier ideología, México siempre fue cuidadoso de no importar luchas revolucionarias, sino brindar apoyo a quien lo necesitara. Absurdo pensar en alterar esa larga tradición que benefició en los dos sentidos.

Hay que considerar un abuso a esa hospitalidad si alguien empenara en entorpecer nuestros esfuerzos por alcanzar consensos y recuperar espacios al narcotráfico. (El Universal)