Los sueños de contar con una atención digna para su hijo con autismo y una casa propia, se tornaron en una pesadilla que cobró la vida de Julio López López, quien viajaba en la caja de un tráiler abandonado en San Antonio, Texas, el pasado 27 de junio.
Julio es uno de los dos chiapanecos que perdió la vida en una de las tragedias más dolorosas de los últimos años. Era originario del municipio de La Trinitaria, aunque últimamente vivía en la comunidad Benito Juárez de La Concordia, junto con su esposa y un hijo con autismo.
Dinero
En el empleo que Julio tenía en Chiapas, ganaba entre 300 y 400 pesos semanales, pero si le iba bien alcanzaba los 800 pesos. Ese dinero era insuficiente para los gastos del día a día, a los que se suman los gastos para la atención de su hijo.
En medio de la desesperación, Julio le comentó a su esposa que se iría a los Estados Unidos a fin de conseguir el dinero suficiente para construir una casa en un pequeño terreno que con esfuerzos consiguieron, y al mismo tiempo tener dinero suficiente para las terapias que su hijo necesita.
Con la presión de pedir préstamos de hasta 50 pesos para poder llevar a su hijo a terapia, así como tratamiento médico y a una escuela de atención especial, Julio optó por tomarle la palabra a su madre, quien vive en Estados Unidos, y esta le recomendó al traficante.
Decidió aceptar un préstamo por 125 mil pesos como primer pago para el “pollero” que les ofreció un supuesto viaje VIP.
Con la voz quebrada, Adriana Guadalupe González Hernández, ahora viuda de Julio López, comenta que a su esposo lo llevaron con engaños pues su suegra le llamó y le dijo que había encontrado a un “pollero” que le estaba cobrando una cantidad fuerte por el viaje VIP, ya que incluía no caminar en el desierto y no pasar retenes, lo que se resumía en evitar peligros.
Viaje
Ante la presión de su situación, el joven de 32 años le dijo a su esposa Adriana que tomaría la propuesta de su madre. Logró pasar a Texas, desde donde le llamó y estaba muy contento, al tiempo que le dijo que iba solo y que lo habían pasado por una lancha hasta llegar a un rancho.
En ese rancho que es utilizado para la cacería, Julio estuvo solo y se supo que de ahí sería llevado en una camioneta a San Antonio para ser transportado como trabajador del lugar, y finalmente llegar a Indiana, en donde vive su madre.
El 21 de junio, el joven partió del rancho en donde lo mantuvieron por varios días trabajando. Mientras, estuvo en contacto con su madre y su esposa, a quienes les advirtió que dejaría el teléfono en manos de los “polleros” para evitar ser rastreados, aunque comentó que se quedaría con su chip para poder comunicarse en días posteriores.
A decir de Julio, el 24 de junio podría comunicarse de nuevo con su esposa, pero la llamada nunca llegó. Adriana comenzó a preocuparse al paso de los días, luego no supo nada de él.
Aunque Julio y su familia ya vivían en La Concordia, su credencial de elector aún tenía una dirección de Tuxtla Gutiérrez, por lo que fue en la ciudad capital a donde personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) acudió a buscarlo, ya que la credencial fue localizada en el tráiler con los migrantes fallecidos.
Aviso
Adriana recibió la llamada del personal de la FGE y solo le advirtieron que habían encontrado la credencial de Julio, pero no tenían certeza de que él hubiera fallecido; sin embargo, pidieron las características y rasgos generales.
Adriana buscó contactar al “pollero” quien le dijo que no se preocupara porque su esposo estaba bien, pero le estuvo mintiendo en varias ocasiones, hasta que dejó de responder las llamadas.
El pasado miércoles Adriana acudió a las oficinas de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) en Tuxtla, en donde le mostraron imágenes del cuerpo de Julio. Comprobó que es él, por lo que espera que a la brevedad sea repatriado para poder darle cristiana sepultura.












