Desde Colombia y Nicaragua, tres migrantes conforman un pequeño grupo que, por ahora, mantiene un mismo objetivo: llegar a los Estados Unidos.
Entre las calles y los automóviles del centro de Tuxtla Gutiérrez, es evidente la presencia de personas que portan alguna bandera pequeña con la cual exponen que no son originarias de este país, y de esta forma solicitan el apoyo de los transeúntes.
Una moneda, un apoyo, lo que sea es bueno para varios cientos de ellos que poco a poco han aumentado su presencia en la ciudad capital.
Meraris, Rodolfo y Leonardo coinciden por ahora en Tuxtla Gutiérrez, pero aseguran que su futuro es incierto, pues su paso por la ciudad es fugaz. En tanto, las circunstancias les permiten reunir el dinero suficiente para poder continuar con su camino.
Rodolfo es originario de Barrancabermeja, Colombia, de donde partió en 2019 con la finalidad de conseguir un empleo en los Estados Unidos que le permita sustentar a sus hijas y a su madre. Dice tener conocimientos en electricidad, pero sus ingresos en su país ya no le permitían costear los gastos rutinarios, como renta, servicios y apoyar con algo a su madre.
El salario promedio de Colombia es insuficiente para poder pensar en ahorrar, pero confía en que al llegar a los Estados Unidos su situación será distinta. Si bien sabe que tendrá que pagar todo en dólares, sus ingresos serán suficientes para poder enviar recursos a casa.
Entre sus travesías para llegar hasta México, cuenta que cruzó caminando la región del Darién (selva entre Panamá y Colombia), el cual es un territorio hostil, en donde muchos pierden la vida por las condiciones propias de la selva; incluso, a él le tocó ver al menos dos cuerpos sin vida.
Tras ese reto, cuenta que el avance por América Central es muy distinto, pues las autoridades migratorias de países como Panamá, El Salvador y Costa Rica son amables e incluso se le brinda transporte a los migrantes para poder pasar por el país de sur a norte.
Ya en Guatemala el plan es distinto, pero con menos requisitos.
Meraris es una joven nicaragüense. Es la mujer del pequeño grupo, habla poco, pero confiesa que el final de su viaje también es el país vecino del norte.
Leonardo es originario de Montería, Colombia, y comparte que sus planes iniciaron en el mes de enero de este año. También salió de casa con el afán de llegar y cumplir con el “sueño americano”.
Por ahora sus días se mantienen en Tuxtla, pues el documento que ampara su estancia legal solo les permite permanecer en Chiapas.












