"Argentina va a la urnas manana domingo para elegir presidente de la República, que seguramente será una mujer, pues las dos candidatas más aventajadas del proceso lo son. Las elecciones llegan en medio de un desencanto ciudadano. Hace un lustro las pintas y las consignas en Buenos Aires eran ""Que se vayan todos""; hoy, desde el cono sur suben a América Latina y llegan a México vientos de distanciamiento con la clase política, que deben evitarse si hemos de subrayar la viabilidad de la convivencia democrática.
En lo político, se antoja titánico el fortalecimiento de las debilitadas instituciones argentinas, apenas sostenidas por el respeto relativo que durante su mandanto Néstor Kirchner devolviera a la Presidencia. Después del desastre de los cinco presidentes en 10 días, el simple hecho de mantenerse cuatro anos en la Casa Rosada, la oficina presidencial, implicó un cambio benéfico. Sin embargo, los comicios del próximo domingo se dan en un ambiente generalizado de apatía ciudadana, que anticipa un alto porcentaje de abstencionismo, ese jinete apocalíptico de la construcción democrática.
La falta de entusiasmo comienza por la pulverización de los propios partidos políticos, que, cuando menos en lo que a la oposición al peronismo se refiere, fueron incapaces de superar diferencias y ofrecer un frente unido a la candidata oficialista, la senadora Cristina Fernández de Kirchner, quien de ganar sería la cuarta mujer presidente en la región después de Nicaragua, Panamá y Chile.
En lo económico radica quizá el mayor reto de quien gane en las urnas. Los argentinos no están tan mal como cuando su economía colapsó en 2001, pero tampoco se encuentran boyantes. La inflación parece ser mucho más alta de lo que las estadísticas oficiales indicarían y el número de pobres va en aumento.
Ni siquiera las políticas asistencialistas del régimen han sido capaces de revertirlo. El debate en el fondo es el de dos modelos opuestos: el recomendado por los gurús del FMI y Washington, como el mismísimo Alan Greenspan, quien en su libro La era de la turbulencia alerta contra el populismo; y el que sugiere mayor intervención estatal en la economía.
La discusión no es privativa de Argentina, con cualquiera de los dos Kirchner; hasta ahora esa nación ha estado del lado de Evo (Bolivia), Hugo (Venezuela) y Rafael (Ecuador); no obstante, las senales cifradas en la campana presuponen que podría buscarse un equilibrio más sano.
En lo internacional, sería bienvenido el regreso argentino a los foros multinacionales y las alianzas con países como México.
Amén de servir a las vidas cotidianas de los argentino-mexicanos, los ""argenmex"", esa comunidad de 100 mil registrados de los que sólo se inscribieron en su embajada para votar poco más de un millar, la recomposición de lazos entre nuestros países es necesaria para superar la distancia que se tornó en pelea.
Esperemos que cuando se pase la aduana del próximo domingo, mal que bien, los argentinos apuesten a que la democracia electoral sea la vía privilegiada para buscar soluciones a sus problemas, como ha de serlo en México, y los dos gobiernos retomen el camino del diálogo. (El Universal)
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