"Al celebrar su VI Consejo Nacional, el PRD cumple 18 anos, simbólica mayoría de edad para un partido que nació de la confluencia de diversas tradiciones de lucha social. Las ideologías y el ejercicio de poder desde las izquierdas, en un país con las desigualdades que aquejan a México, son indispensables. Con el debido respeto a la vida interna del Partido de la Revolución Democrática, su suerte atane a más que sus militantes, por ello es deseable que del encuentro deriven planes a futuro y no pleitos del pasado.
El país necesita de una izquierda que dé contrapeso a nuestro sistema político y represente a un amplio sector de la población que no se identifica con las otras opciones políticas existentes de centro y derecha: sindicatos democráticos, movimientos urbanos, campesinos, desplazados y minorías; un partido capaz de leer la coyuntura nacional e internacional, para plantear un proyecto de nación no detenido en el tiempo, pero con gran énfasis en la justicia social.
El PRD ha pasado por muchas etapas en estas intensas casi dos décadas. De iniciarse como una escisión del partido oficial, beneficiada por la grandeza de Heberto Castillo, y de la suma de un grupo de corrientes apenas homogéneo, fue ganando apoyos y espacios en la vida pública del país hasta llegar, en el 2006, a lo que es hoy: un instituto político que gobierna a 25 millones de mexicanos en seis entidades y una bancada de 127 diputados federales, 26 senadores y 230 diputados locales.
Aun así, pese a su impresionante avance electoral no se ha cohesionado. Lo que sigue se antoja una lucha tan difícil y esforzada como la que los trajo al presente. Consolidar su democracia interna, superar su sectarismo, les permitirá alejarse del sino de las izquierdas: escindirse hasta el infinito, haciendo parodia de aquella frase del Che Guevara: ""Hasta la ´derrota´ siempre"".
Requerimos una izquierda moderna, capaz de entenderse entre sí y con los demás. Dentro de la diversidad de opciones políticas que existen en el país y sin que nadie renuncie a sus convicciones, las izquierdas inteligentes pueden sumarse con las derechas del mismo corte, aislando a sus respectivos fundamentalismos, torpes y simplistas.
La disyuntiva perredista de hoy es una bifurcación de caminos: uno lleva a debatir su línea política y sus propios mecanismos de representatividad democrática; mientras que el otro acaba en el conflicto de sus corrientes, más preocupadas por ganar la burocracia partidista y por hacer espacio a personalismos.
Interesa a México, y debe resolverse ya, que todos sus partidos rindan cuentas de un generoso financiamiento público que, en aras de invertir en la construcción democrática, se ha puesto a su disposición, pero que la partidocracia no debe olvidar nunca que surge del esfuerzo de un país con millones de pobres.
Hoy es la oportunidad del PRD para que, antes de cualquier consideración personal o de grupo, logre proyectar hacia la ciudadanía que la política no es un oficio de desprestigio que salta en tablitas electorales, 2009, 2012, sin voltear a ver al ciudadano. (El Universal)
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