Desde muy temprana edad, los habitantes de Chiapa de Corzo son familiarizados con el caudaloso río Grijalva, donde algunos infantes laboran o ayudan a sus padres en el transporte de personas de un lugar a otro. Muchos de ellos tripulan lanchas con la fuerza de sus brazos sobre un río que sobrepasa los dos metros de profundidad, una actividad que a algunos les da de comer.












