El último respiro de los juguetes tradicionales

La serpiente Quetzalcóatl fue elaborada con fragmentos de morro, el cual es la fruta convertida en jícara para tomar pozol.
La serpiente Quetzalcóatl fue elaborada con fragmentos de morro, el cual es la fruta convertida en jícara para tomar pozol.

En calles de Tuxtla, inclusive en algunos municipios del estado, son muy pocos los niños que se observan jugando al trompo, probando destrezas en el balero, brincando en la rayuela o jalando de una cuerda carritos de madera; las rondas infantiles de tiempos antiguos poco a poco se extinguen y están quedando en el olvido.

Los juguetes tradicionales formaron parte de la etnografía cultural de México, de algunas sociedades rurales, donde estos instrumentos artesanales servían para ocupar el ocio, de distracción y también para divertirse recreativamente.

Ciertamente eran más que eso, ya que de una manera más sobria muchos niños aprendían, experimentaban y desarrollaban la capacidad imaginativa con tan poco, pero aún en la actualidad no dejan de ser piezas únicas y de colección que continúan simbolizando, avivan y representan la cultura de los pueblos.

En el municipio de Chiapa de Corzo, en las lejanías de la colonia Juan del Grijalva, llaman la atención algunas varas de bambú tiradas en la entrada de una morada, a primera vista con aire afable: ahí vive Humberto Hernández, un modesto menestral que defiende el uso y conservación de juguetes añejos; y apropiadamente los elabora, colecciona y exhibe.

Hernández analiza la evolución de los juegos, producto de épocas modernas, pero en momentos detiene el tiempo para rememorar, crear y fusionar pumpo, carrizo, bambú, pituti y ciruela del durazno, entre otros frutos de árboles tropicales y plantas que se siembran y crecen en esta zona de Chiapas.

La nota característica de algunas de sus piezas es la sencillez, de uso corriente, pero con un mérito justo.

“Me he quedado en los años del caldo, donde una sociedad más austera tenía más recursos para imaginar, luego premiar la habilidad y los reflejos en cada destreza. Eran juegos y juguetes diferentes que hoy pocos usan”, recuerda.

Actualmente, muchas piezas están siendo desplazadas por la era moderna, donde la mayoría, incluyendo a los niños, han dejado la interacción con lo artesanal para poner los ojos en la tecnología.

Y es que este avance y desarrollo en la ciencia ha coadyuvado importantemente en el aprendizaje de muchos niños y jóvenes, pero como desventaja también ha influido para alejarlos de la convivencia con los demás; algunos suelen ser más distraídos y otros perciben y llevan a la práctica todo lo que ven o escuchan de los dispositivos móviles.

“No estoy en contra de la actualización ni del desarrollo de la industria, pero en este caso, los juegos electrónicos muchas veces pueden ser violentos o inducen a recrear un trágico y lamentable escenario.

“Los juguetes antiguos nunca van a poder competir con la novedad; considero que hay un mercado muy limitado para estas piezas de arte que sobreviven a los cambios presentes, sin embargo, depende de nosotros, de los artesanos, para seguir creándolos y no dejar que se extingan”, dice Hernández.

Para el Día de Reyes que se celebra el 6 de enero, estos artículos no tan obsoletos podrían ser una buena opción, ya que el 24 de diciembre del año anterior -declara el menestral- no estuvieron en el gusto de casi nadie.

“Están siendo sustituidos por los artículos tecnológicos; así son los hábitos de consumo y esa situación hace que se tambalee la industria tradicional, sin duda nos pega y perjudica a muchos artesanos”, asevera.

Mientras Hernández trabaja y explica algunas obras, llama la atención uno de sus nietos. Parece ser que está en su mundo imaginario.

Se entretiene y juega con lo que está a su alcance: pumpo, morro y un trompo zoque que le obsequió su abuelo, también, más adelante nos enseña pedazos de madera unidos que conforman al parecer carros, el cual va jalando con un mecate. Aquí no hay limitantes creativos pero sí una adaptación al entorno.

“Al final siempre habrá un niño que quiera este tipo de piezas, por lo que seguiremos tratando de promover y subsistir para que no se extingan.

La esencia siempre seguirá siendo la misma y tendrán un gran valor en la transmisión de creencias y costumbres. Son juguetes chiapanecos y también son universales”, concluye el menestral.