Uno de cada tres de los votos que se emitan en las elecciones federales del domingo 2 de julio será de ciudadanos jóvenes, es decir, menores de 30 anos, de acuerdo con el padrón electoral. Si los jóvenes ejercen su derecho y cumplen con su obligación cívica de votar, pueden tener un peso significativo en los resultados.
En un foro organizado por EL UNIVERSAL, jóvenes de diversos sectores sociales dedicados a distintas actividades (músicos, comunicadores, activistas sociales) expresaron su interés de participar en la sucesión presidencial, pero demandan claridad en las propuestas de los candidatos, sin solemnidades, y por supuesto compromisos verdaderos de que serán tomados en cuenta en sus demandas.
Quedó bien claro el interés de los jóvenes en emitir un voto consciente, en espera de que desde ahora sus problemas queden incorporados en las agendas de los candidatos y, llegado el momento, exigir al nuevo gobierno políticas que los beneficien.
La preocupación es legítima. Los jóvenes ven cómo se degrada la vida social por la corrupción, la inseguridad y la falta de crecimiento económico. Son víctimas directas de los deficientes programas educativos, de las insuficiencias de los servicios de salud y urbanos, de la propagación de las adicciones, de la impunidad de los pillos, del manejo discrecional de los negocios públicos.
Asumir su deber de votar significa tomar conciencia de que la elección es una forma civilizada de participar en el mejoramiento de la suerte de la República. Los jóvenes que han emprendido la tarea de convocar al voto no revelan quién es su candidato. Lo primordial es votar. Cada quien decidirá razonadamente por quién lo hará.
Obviamente, todos los candidatos tienen estrategias particulares para acercarse a los nichos de votantes, sean miembros de su partido o no, hombres y mujeres, urbanos y rurales, ilustrados y analfabetas, pudientes y menesterosos, empresarios y trabajadores, intelectuales y manuales, jóvenes y ancianos, surenos y nortenos. Pero en el caso de los jóvenes, son ellos mismos los que han emprendido la tarea de llamar a votar, sin decir por quién, atenidos solamente a difundir las propuestas de los aspirantes e identificar de qué manera plantean y encaran el inventario de temas que son esenciales para los jóvenes mexicanos de ahora.
En el Foro, los jóvenes piden a los candidatos claridad sin solemnidades y, sin arrogancia, les recuerdan que si salen a votar decidirán la elección. Quieren saber cómo serán atendidas sus demandas de una mejor y más accesible educación media y superior, encontrar más oportunidades de empleo mejor remunerado, tener variedad y sustancia en la oferta cultural, mejor esparcimiento; en fin, poner un alto al retroceso y la falta de expectativas que los orilla a salir del país en busca de oportunidades.
Para los candidatos es un desafío plantear, sin las ambigüedades del discurso habitual de los políticos, el temario juvenil, demostrar que lo conocen y que tienen bastantes propuestas de cómo atenderlo. No basta la oferta del proclamado mundo ideal, sino la solución viable, con los recursos disponibles, las metas, los tiempos, los costos.
Son jóvenes maduros, sensatos, con claridad intelectual y ansiosos de responsabilizarse de las tareas mayores de este país, comenzando con el voto. Este es un gran reto para los candidatos: acercarse a los jóvenes de México y establecer compromisos.
Sobre todo para quien resulte ganador de la elección, es la hora de ganarse la confianza de la juventud y de integrarla al desarrollo nacional. Sin demagogias, los jóvenes son el futuro de México y a ellos se deben hoy los mayores esfuerzos del gobierno y de toda la sociedad. (El Universal)











