"Francisco Abundis * El Universal. Cada proceso electoral tiene sus retos y sus temas. El que tendremos este domingo 4 de julio, lamentablemente nos remite a algunas discusiones que considerábamos superadas y otras más que se ven preocupantes para futuros procesos electorales si se convirtieran en tendencia.
Las elecciones de ayer domingo son relevantes porque podría marcar los términos y las condiciones en que se resuelvan elecciones de 2011 (como el Estado de México) y la presidencial de 2012. De estos temas los más frustrantes probablemente son aquellos en donde parece que nos repetimos y volvemos a cargar la misma piedra.
A partir de la noche del 4 de julio o la mañana del lunes 5 de julio podremos resolver algunas incógnitas de estas 14 elecciones locales, de las cuales 12 son de gobernador. Sin embargo, habrá otras donde nos quedaremos esperando respuesta o solución probablemente por algún tiempo que puede llegar incluso a algunos meses.
En grandes líneas los temas relevantes de esta elección podrían ser los siguientes:
Polarización. Tal vez el tema más evidente de esta elección es el de la polarización de las fuerzas políticas en contienda. Esta era ya una tendencia que se venía observando sobre todo en la última elección presidencial. Ciertamente el concentrar tanto poder político en una sola fecha el incentivo para radicalizarse es mayor. Hay más en juego, más que ganar, más que perder. Probablemente un problema de nuestro nuevo diseño institucional que centra en un solo día tantos procesos. No estamos en los niveles de 2006, pero se repiten los niveles de polarización política, aunque para suerte no social.
Judicialización. Si bien es cierto que en los últimos años las elecciones terminan en tribunales no habíamos tenido procesos que empezaran en juzgados. El caso del candidato del PAN a la gubernatura de Aguascalientes y el del PRD al estado de Quintana Roo son los dos casos que lo ilustran. A este tema ya de por sí preocupante hay que agregar la renuncia de la responsable de la Fepade. Si ya era grave que los procesos electorales se resolvieran en tribunales, luego de la renuncia de Areli Gómez ya se puede hablar no sólo de la judicialización del proceso electoral sino de la politización del proceso judicial. Habernos repetido en este tema igual que la elección anterior sería mejor que la situación actual.
Campañas negativas. El diseño de la última ley electoral intentó prevenir tales prácticas. Y lo logró en la forma de comunicar (spots de radio y televisión predominantemente), pero no pudo con la intención y el espíritu. Entre campañas de Youtube y difusión de filtraciones o grabaciones hemos llegado más bajo que ningún proceso electoral anterior.
Clientelismo. Este que se creía tema ya superado vuelve a ser sujeto de discusión más vigente que nunca. La única diferencia respecto a nuestro antecedente es que ahora se debate por nivel de gobierno: las acusaciones van del federal al local y viceversa. Lamentablemente parece que ambos niveles tienen evidencia de que el ""otro"" está operando de tal manera que hace legítima su demanda y su propia operación.
Otro grupo de instituciones que se creía ya sólido y con reputación suficiente como para confiar en ellos de manera recurrente en cada elección son puestos en entredicho. Por información revelada recientemente o por grabaciones ilegales, institutos se ven cuestionados sobre su neutralidad. No son todos, pero por efecto demostración con que lo sean unos pocos podría afectar la imagen de todos e incluso la del Instituto Federal Electoral.
Participación. El asesinato del candidato del PRI al gobierno de Tamaulipas hace de este un tema preocupante. Antes lo era por errores de actualización del padrón y el ambiente de violencia en general. Ahora sólo se hace más evidente. La elecciones de Ejecutivo se caracterizan por tener niveles de participación altos, pero este año podrían verse afectados. Nuevamente estaríamos cuestionando una elección por sus niveles de participación ciudadana.
PRI dominante o alianzas triunfantes. El saldo podría ser más mixto de lo que pensamos. Ni una cosa, ni la otra. Lo que es cierto es que este tipo de alianza antipriísta nos remite a años previos al 2000. Actores similares, alianzas similares, solamente que ahora con un historial de conflicto entre las partes (PAN-PRD) hace ver la mezcla un poco más complicada no sólo por la recurrente crítica de incompatibilidad ideológica, sino por los niveles de agresividad que anteceden a las partes.
Estas discusiones parece que ya las vimos, ya las vivimos y algunas de ellas las pensábamos superadas. Sin embargo, siguen aquí y no parece que se vayan a resolver fácilmente. Estoy seguro de que si Sísifo pudiera votar preferiría no cargar la piedra una y otra vez y en eso los mexicanos nos pareceríamos.
Lamentablemente Sísifo nuca pudo decidir sobre su suerte. ¿Estaremos los mexicanos destinados a lo mismo? Espero que no porque la piedra se ve muy grande y pesada. Y por cierto parece ser que no es la única que hay que cargar.
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